El muchacho salió molesto sin ver siquiera a Jessica de vuelta, quien sonreía jubilosa por el veneno que inyectaba a costa de lo que fuera contra Enith, tenía sus razones para hacerlo. Elio vió que Roberto fumaba un cigarro mientras esperaba a su esposa afuera del lugar, buscó con la mirada buscando a Enith sin éxito alguno, sintió una estocada de pánico en el corazón al pensar que algo malo le pudo haber pasado a causa de la sanguijuela que tenía frente a él. — ¿Has visto a Enith? —le preguntó Elio a Roberto quien reaccionó indiferente. — Hace unos minutos estaba hablando con ella y se fue rumbo a la playa —dijo señalando con un dedo. — Si algo le ha pasado a ella, seré yo mismo quien venga a romperte la cara sin importar qué negocios tenga yo contigo —continuó su camino hacia la pla

