Capítulo 3

1282 Words
Después de un rato en el balcón, Denise regresó al salón principal. Antes de entrar, distinguió dos figuras conocidas en una esquina del pasillo: su madre y su hermana. Se acercó, resignada, para saludarlas… pero se detuvo al oír su conversación, sin que ellas notaran su presencia. —… Llevas a esa pequeña perra a la habitación del segundo piso y la convences para que beba el vino. Yo traeré a Sean… El cuerpo de Denise se paralizó. —¿Por qué complicarlo tanto, mamá? Esa perra no se negará si le pides que se acueste con Sean —respondió Jessica con desdén. Cora negó con la cabeza. —Es demasiado obstinada. Aunque aceptara, sería capaz de golpear a Sean en cualquier momento —explicó con frialdad—. Es más sencillo drogarla y dejar que él haga lo que quiera. Cinco millones de dólares bien valen la molestia. —Es una desagradecida. No es capaz de sacrificarse por la gente que la salvó. No me extraña que su madre la arrojara a la nieve nada más nacer. —Jessie, date prisa y llévala al segundo piso. De pronto, Denise golpeó accidentalmente una consola del pasillo. Cora se volvió y la vio a pocos metros. Era evidente que lo había escuchado todo. —¡Maldita seas, Denise! ¿Cómo te atreves a espiarnos? —escupió Jessica, fulminándola con la mirada. Cora habló con absoluta indiferencia: —Se acabaron los juegos. Sean vendrá esta noche. Ha prometido invertir cinco millones de dólares a cambio de una noche contigo. La familia Star te adoptó hace más de veinte años. Ha llegado el momento de saldar tu deuda. Denise hizo un esfuerzo titánico por mantener la calma. —¿Quedaremos en paz si me acuesto con Sean? —preguntó lentamente, cada palabra impregnada de amargura. —La familia Star te ha criado durante veintitrés años. ¿De verdad pensaste que eso no tendría un precio? —replicó Jessica—. Nunca podrás pagar lo que te hemos dado, así que más vale que obedezcas. Sus palabras provocaron un escalofrío en la espalda de Denise. Casi podía volver a sentir el dolor lacerante. Siempre supo que Jessica era diferente. Ella era la verdadera hija de los Star; Denise, en cambio, no era más que una extraña tolerada. Cuando Jessica tenía ocho años, cayó accidentalmente a un lago. Denise se lanzó sin dudar para salvarla, aunque apenas sabía nadar. Jessica salió ilesa. Denise, en cambio, permaneció varios minutos en el agua helada… pagando el precio sola. Ella creyó que, después de arriesgar su vida para salvar a su hija, sus padres adoptivos le mostrarían al menos un poco más de afecto. Pero, para su sorpresa, terminó encerrada en el sótano. Incluso la azotaron, dejando cicatrices permanentes en su espalda. Tiempo después descubrió que Jessica la había acusado de empujarla al agua. La familia Star jamás la aceptaría, hiciera lo que hiciera por ellos. Denise se mudó cuando ingresó a la universidad, pero ni siquiera así logró escapar de su control. Siempre encontraban la manera de obligarla a actuar contra su voluntad. Apretó los dientes. —Pasaré la noche con Sean… si me prometen algo a cambio. —¿Quién te crees para exigirnos algo, perra? —gritó Jessica, incrédula. —Sean quiere a una Denise complaciente —respondió ella con frialdad—. Si me resisto, se enfurecerá y la familia Star tendrá que afrontar las consecuencias. —¿Cómo te atreves a amenazarnos, zorra? Cora alzó la mano para abofetearla. Denise dio un paso atrás y esquivó el golpe. —Cuando reciban los cinco millones de Sean, la familia Star me dejará en paz para siempre. No volveremos a vernos. Cora estalló de furia. —¡Maldita desagradecida! ¡La familia Star te crió! ¿Quieres deshacerte de nosotros? Escúchame bien: cada gota de tu sangre nos pertenece. ¡Solo te irás sobre mi cadáver! Considérate afortunada de que Sean esté dispuesto a… —¡Mamá! —interrumpió Jessica, apartándola—. Da igual. Ya encontraremos la forma de traerla de vuelta. Cora respiró hondo, recordando cuál era su prioridad en ese momento. —Está bien. Te lo prometo. Ahora espera en la habitación del segundo piso. Sean llegará pronto. Denise sintió un leve alivio. —Aún no estoy lista… ¿Podemos hacerlo mañana por la noche? Cora se indignó, pero Jessica la detuvo con un tirón del brazo. —Ni hablar. Y recuerda que a Sean le gustan las mujeres obedientes. Compórtate… o nunca te librarás de nosotras. —Está bien —murmuró Denise. Se dio la vuelta y se marchó. Lágrimas silenciosas rodaron por sus mejillas mientras avanzaba por el pasillo. Se secó el rostro con rapidez. Durante años había anhelado el amor de sus padres adoptivos. Pero se juró que aquella sería la última vez que lloraba por la crueldad de la familia Star. Todo terminaría ese día. Con la vista empañada por las lágrimas, tropezó con alguien. —Disculpe… Retrocedió y se encontró con unos ojos fríos e impenetrables. Un hombre alto y esbelto se alzaba frente a ella bajo la iluminación del pasillo, que acentuaba aún más sus rasgos impecables. Denise lo reconoció de inmediato: Alexander Vans, el soltero más codiciado de Hetropolis, el príncipe azul de la ciudad. No podía permitirse ofender a alguien como él. Intentó marcharse cuanto antes, pero el sonido de unos tacones a su espalda la detuvo. Alguien la agarró del brazo y la apartó con brusquedad. —¿Cómo te atreves a intentar seducir al señor Vans de forma tan descarada? Jessica empujó a Denise a un lado. Luego adoptó una sonrisa dulce y se acercó a Alexander, balanceando las caderas con cada paso. Se acomodó el escote para resaltar mejor sus atributos. —Buenas noches, señor Vans. Soy Jessica Star, de la Corporación Star, aunque puede llamarme Jessie. Quisiera disculparme en nombre de mi hermana por sus malos modales. Espero que pueda perdonarla. —¿Malos modales? Alexander sostuvo su mirada cuando repitió aquellas palabras. Su voz gélida y su expresión impenetrable provocaron un escalofrío en la espalda de Jessica. Aun así, forzó una sonrisa. —Sí, señor Vans. Mi hermana no sabe comportarse en público. Suele ofender a la gente por su falta de educación. Fue adoptada de pequeña y siempre ha sido insolente. Una mujer así no merece su atención. —Ja… Alexander soltó una risa breve y despectiva. Desvió la mirada hacia Denise, que permanecía en silencio, y luego observó a Jessica de reojo. —¿Y acaso tú eres mejor que ella? Jessica vaciló, sin comprender del todo la intención de la pregunta. Alexander la recorrió con una mirada fría y cortante. —Para que lo sepas, un patito feo como tú tampoco debería molestarme. Lárgate. Jessica se quedó petrificada ante el insulto directo y despiadado. Retrocedió, incapaz de procesar lo que acababa de suceder, mientras Alexander se alejaba por el pasillo sin mirar atrás. ¿La había llamado patito feo? ¿Acaso la consideraba fea? Jessica estaba convencida de ser cien veces más hermosa que Denise. Clavó en su hermana una mirada cargada de resentimiento y malicia, deseando borrar de una vez esa expresión serena de su rostro. Denise ignoró la mirada venenosa de su hermana y se alejó con aparente indiferencia. La reacción de Jessica no la sorprendía. Desde la adolescencia siempre había ido detrás de un hombre u otro, orgullosa de su belleza y de la facilidad con la que los conquistaba. Aun así, Denise no entendía por qué Jessica creía estar a la altura de Alexander Vans. Aunque, en el fondo, poco le importaba. Después de esa noche, cortaría definitivamente sus lazos con la familia Star.
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