Todos intercambiamos miradas, y reímos a carcajadas. Al pasar de algunos minutos las muchachas terminan de cocinar, y sirven la comida, un exquisito risotto, realmente de lo mejor que he comido en mi vida, las miro y no puedo evitar preguntarles,
- ¿En qué restaurante trabajan? Esto está buenísimo –
Ellas se miran y ríen,
- Somos las dueñas del @HagoDelicias de la ciudad –
Yo me atoro con arroz, toso un poco, y una de ellas me ofrece agua,
- ¿Estás bien, Diego? –
Yo les pregunto de nuevo,
- ¿Las dueñas totales de ese súper restaurante? –
Ellas sonríen como burlándose un poco de que me parezca una locura,
- Sí, es todo nuestro, claro solo el de esta ciudad, hay otros con otros diseños en el resto de las grandes ciudades –
Wow, ese restaurante es increíble, y tengo a sus dueñas, que posiblemente sean las mejores chefs de la ciudad haciendo para mí una cena improvisada. Comenzamos a conversar, y les pregunté,
- Yo solía hacer ejercicios por las mañanas en mi antiguo vecindario, no quiero dejar de hacerlo por haberme mudado ¿Aquí que me podrían recomendar ustedes? –
Ellas me dicen,