‒ Muchas gracias por salvar a John ‒ le dijo Cassandra a la muchacha que reparó en ella sólo cuando escuchó que le hablaban. James observaba la escena desde otra perspectiva, estaba detrás de Cassandra y vio como la marquesa extendía los brazos y así, el niño no necesitó más razones para cambiar de persona. ‒ No hay de qué, señora ‒ respondió la mujer, daba el aspecto de ser la institutriz de alguna chiquilla. ‒ Soy Lady Wrightwood y... ‒ inició su amiga pero la joven no espero a escuchar el resto. ‒ Espero que la próxima vez tenga especial cuidado con su hijo ‒ le soltó la mujer y James abrió los ojos como platos ante aquellas palabras. ¿Eran ideas suyas o la mujer acababa de reprender a la Marquesa de Wrightwood ante la mitad de la alta sociedad? ¡Eso era algo inconcebible! ‒ Le

