Una vez arriba, los pasos de Joshua se hicieron más lentos, y su respiración, que había estado agitada como si hubiera corrido una maratón, comenzó a sosegarse poco a poco. El aire de la planta alta era más fresco, menos cargado que el del sótano, y eso pareció calmar los nervios que le retorcían el estómago. Se detuvo un momento frente a la puerta del baño, y a través de la madera vieja pudo escuchar el suave murmullo del agua corriendo, un sonido que usualmente le resultaba molesto, pero que en ese instante le pareció extrañamente reconfortante. Sin prisa, se alejó unos pasos y subió el último tramo de escaleras que llevaba al desván, el espacio que una vez perteneció a su madre. Al entrar, una sensación de pesadez le oprimió el pecho; era un lugar envuelto en una tristeza densa, casi t
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