El tiempo sin dudas me llevaría a adrentarme por completo en la vida de Damián. Era fuerte, atractivo y decidido. Tenía todo lo que quería y cuando lo quería. Los miedos en la oficina eran evidentes, tenía miedo de que algún cliente notase que era más que una simple secretaria. Un pasado que me perseguía y el miedo constante de sentir que no mereces otra oportunidad. Poco a poco me fui enredando en la vida de Damián. Al igual que fui abriendo las piernas más seguido en su oficina. Aquel deseo despertaba más y más. En cualquier momento y en cualquier hora; desayuno, almuerzo o cenas. Pero teníamos una sola regla, no llegaríamos ni saldríamos de la empresa juntos. Eso solo levantaría las obvias sospechas. Mientras fingía llevar documentos y anotar cuentas, Damián escurría su mano

