Los días siguientes fueron de incertidumbre. No volví a la empresa, y no había intentado comunicarme con Damián. No quería dar razones de mi ausencia, y mucho menos caer tan bajo. Oliver había tocado mi puerta un par de veces, pero el pánico nunca me dejó abrir la puerta. Tenía miedo de él cuando no había nadie más presente. Tenía miedo de mi. Tenía miedo del futuro. Fue así que en envolví en sábanas durante semanas, viendo películas y yendo a la cama con un par de bolsas de comida. No me ponía de pie a más allá de cocinar o ducharme. No tenía razones, tampoco fuerzas. Ojalá mi madre también me hubiese advertido todo lo que dolía un corazón roto. Todo lo que dolía querer algo que sabías que no te pertenecía. Fue así como con el tiempo intenté cerrar heridas. Limpié mi casa un par

