Lilibeth
Después de que hacen el anuncio de su compromiso salgo al jardín para tomar un poco de aire y poder despejar mi cabeza, cuando estoy preguntándome que fue exactamente lo que sucedió hace un año escucho unos pasos, me giro y veo a Massimo, intento huir de él, pero me es imposible, me toma por el brazo frustrando mi huida.
Cuando pregunta si nos conocemos no puedo evitar sentir un dolor tan profundo, pero rápidamente lo oculto no quiero que se dé cuenta de quien soy hasta que sea seguro para ambos, por lo que niego conocerlo.
También me hace saber que me vio ayer, mientras entraba a la cafetería de Otto, esto provoca que tiemble de miedo, si él me vio es posible que cualquiera se haya percatado de mi aparición, debo salir inmediatamente de aquí para no exponernos frente a todos, pero él no me dejará ir tan fácilmente y cuando estoy comenzando a desesperarme aparece Donato y me saca de aquí.
—Señora lo lamento, pero Maritza estaba buscando al señor Massimo, no podía dejar que la viera junto con él —me comenta en cuanto salimos de la mansión Salvatore—: podría haber sido peligroso para usted, recuerde que en este momento no somos los suficientemente fuertes para enfrentarnos a ellos. —Alterna su mirada al camino y a mí, mientras nos dirigimos a la casa que hemos rentado.
—No te preocupes Donato, hiciste bien. La verdad no quería hablar con él, pero fue él quien me retuvo ahí, creo que una parte de él me recuerda, aunque no estoy segura; me di cuenta de que ha perdido la memoria, no actúa como solía hacerlo antes, ahora parece más dócil hasta cierto punto y el Massimo que yo conozco nunca ha sido así. —Nuevas lágrimas afloran de mis ojos al recordar que me pregunto si nos conocíamos.
—Tranquila señora, sé a quién podemos pedir ayuda, así tendremos más hombres, estuve averiguando algunas cosas y creo que es la mejor opción que tenemos. —Aparca el auto y nos bajamos con nuestros otros hombres siguiéndonos, no querían compartir la misma casa conmigo dado que me respetan, pero me sentiré más tranquila estando todos juntos.
Dos días después
Donato me contó sobre Giuseppe Lombardi Il grande capo, es un hombre muy respetado y era el padre de Renzo Lombardi, quien desgraciadamente murió hace más de un año, después de la muerte de su hijo se retiró de su puesto, pero aún conserva todos sus negocios algunos de los cuales se los ha dejado encargados a sus hombres más fieles, hoy por la noche iremos a su antro El bajo mundo, es un lugar donde muchos mafiosos se reúnen para hacer negocios y alguna que otra vez esto termina en problemas, aunque siempre que se puede tratan de evitarlo, para no molestar a Giuseppe.
Estoy un poco nerviosa esperando que sus hombres me dejen poder hablar con él, a pesar de haber concretado una reunión, no puedo evitar pensar que tal vez no quiera verme y todos mis planes se arruinen, si bien es cierto que lo conocí hace tiempo, no sé cómo reaccionará al verme frente a él.
—Adelante señora, el señor Lombardi la espera —me informa uno de sus hombres, me permiten pasar junto con Donato y antes de poder ingresar nos revisan para ver si traemos alguna arma, como es de esperarse mi hombre trae unas cuantas armas las cuales se le decomisan y le serán devueltas en cuanto salgamos de aquí, yo por mi parte no tengo ninguna arma, no sé disparar y no me serviría de nada cargar alguna, pero el tipo que me revisa quiere pasarse de listo tratando de revisarme en el corsé que llevo puesto a lo que respondo dándole un puñetazo, sus compañeros al ver que le he abierto parte del pómulo me dejan pasar.
—Están limpios —grita otro de ellos y nos dejan pasar a través de unas puertas dobles al final del pasillo.
En cuanto entramos puedo ver una enorme oficina con una sala de estar, en esta se encuentra un hombre de alrededor de unos sesenta y cinco años, canoso, de ojos verdes, barriga prominente, de baja estatura, pero mirada astuta y es exactamente como lo recuerdo, sólo que ahora parece más cansado. Les indica a los hombres detrás de mí que se retiren, yo por mi parte me acercó hasta estar lo suficientemente cerca y le extiendo mi mano a modo de saludo, estrechamos nuestras manos y me indica que tome asiento.
¿Qué le pedirá Lilibeth a Giuseppe Lombardi?