XI

1861 Words

XI Quedaban migajas, no muy añejas aún, del pan de la boda, cuando don Pedro celebró con Julián una conferencia, conviniendo ambos en lo urgente de que el capellán se adelantase a salir a los Pazos para adoptar varias precauciones indispensables y civilizar algo la huronera, mientras no iban a vivirla sus dueños. Julián aceptó la comisión, y entonces el señorito mostró remordimientos o escrúpulos de habérsela encomendado. —Mire usted—advirtió—que allí se necesitan muchas agallas… . Primitivo es hombre de malos hígados, capaz de darle a usted cien vueltas… . —Dios delante. Matar no me matará. —No lo diga usted dos veces—insistió el señor de Ulloa, impulsado por voces de su conciencia, que en aquel momento se dejaban oír claras y apremiantes—. Ya le avisé a usted en otra ocasión de cómo

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