III

2896 Words

III Así que pudieron conferenciar reservadamente capellán y señorito, preguntó don Pedro, sin mirar cara a cara a Julián: —¿Y… ésa? ¿Está todavía por aquí? No la he visto cuando entramos. Como Julián arrugase el entrecejo, añadió: —Está, está… . Apostaría yo cien pesos, antes de llegar, a que usted no había encontrado modo de sacudírsela de encima. —Señorito, la verdad… —articuló Julián bastante disgustado—. Yo no sé qué decir… . Ha sido una cosa que se ha ido enredando… . Primitivo me juró y perjuró que la muchacha se iba a casar con el gaitero de Naya… . —Ya sé quién es—dijo entre dientes don Pedro, cuyo rostro se anubló. —Pues yo… como era bastante natural, lo creí. Además tuve ocasión de persuadirme de que, en efecto, el gaitero y Sabel… tienen… trato. —¿Ha averiguado usted to

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