—Te atreviste a aparecer ante mí de nuevo, mujercita astuta—, dijo con una mirada peligrosa Dereck Maxwell, el hombre más poderoso de La Ciudad. Paola tembló ligeramente, pero trató de mantenerse firme. Su boca se movió antes de que pudiera controlar las palabras: —Yo… nunca supe que usted era el director general, señor. Yo... —Tragó saliva con dificultad—. Nunca lo supe. Pero Dereck no le creía. ¿Cómo podía alguien en La Ciudad ignorar que él era el CEO de la corporación Maxcom? Para él, aquella mujer no era más que una mentirosa atrevida. Se levantó de su silla, y Paola, al verlo moverse, sintió que su corazón latía con fuerza desbocada. ¿Debería correr? ¿Estaba a punto de perder su trabajo una vez más? Intentó calmarse y murmuró: —Si cree que lo mejor es despedirme, lo entiend

