ARVID. De camino a casa recibo la llamada del abogado, me informa que esos dos fueron liberados bajo fianza hasta que se dé lo del juicio, que estarán bajo vigilancia policial por si intentan escapar. No entiendo la justicia, no comprendo cómo es que dejan salir a los criminales bajo fianza cuando ya la victimas les reconoció. ¿Será que no creen en la declaración de mi caramelito? Más le vale que crean, porque no pienso rendirme, no dejaré que esos dos, o mejor dicho tres, se queden sin pagar. Llego a casa, repitiéndome en mi interior que no debo alterarme, no debo explotar delante de Norma, aunque ganas no me faltan, pero debo controlarme, por el bien de Aldo debo hacerlo. Aunque si soy sinceros, no sé qué es eso con que lo tiene amenazado. Ingreso a casa, saludo a Nora. —¿Ya tien

