Capítulo 29. Traicionada. Mis labios se sonrojan ante sus besos y caricias, pero lo detengo intuitivamente. —Lo siento, Lucas, no puedo. —Digo, tratando de controlar mis lágrimas; tan solo imaginar que ella lo haya tocado, que le haya hecho el amor, me llena el corazón de dolor. —Entiendo —dice, deteniéndose, incómodo, mirándome fijamente. —¿Te puedo pedir un favor? —dice tomando mi mano. —Sí, sabes que cuentas conmigo para lo que necesites. —Duerme conmigo, Amalia, solo por esta noche quédate conmigo. —Dice tan cerca que siento su agarre en mis caderas; acercándome a él, me abraza con fuerza y yo correspondo a su abrazo, sintiendo su perfume que amo tanto como a él. Sin poder negarme, lo sigo hasta la habitación donde se quita la ropa quedando en boxers. Me mira, acercándose

