Se rindió al orgasmo casi instantáneo que la invadió, apretando las sábanas con fuerza. Conrad, un amante más que competente, supo que era el momento de excitarse de verdad y así lo hizo, embistiéndola implacablemente, dejándola con la sensación de que ese maravilloso clímax que disfrutaba no tendría fin. Tras 90 segundos de frenético bombeo, se cansó y redujo drásticamente el ritmo, dejando a Leah jadeando y entumecida por las increíbles oleadas de placer que la invadían. Su m*****o, aún hinchado, se desprendió de su sedosa vaina mientras él luchaba por recuperar el aliento. Ambos permanecieron allí jadeando, hasta que él, distraídamente, extendió la mano y dejó que su pulgar bailara sobre su clítoris. Leah jadeó y luego le rogó que no la tocara ahí. "Es casi insoportable", resopló. Co

