Capítulo 20

3771 Words
Madison soltó un pequeño suspiro mientras observaba el televisor frente a ella. Por suerte, después del almuerzo, Barry había aplicado la medicina en su lastimada espalda y ya casi no molestaba como el día de ayer. Se encontraba en la sala de la casa de Joe viendo algún programa sobre detectives; estaba usando un polo de manga larga del chico y un short que le llegaba a unos centímetros más arriba de sus rodillas, pero, aunque estuviera viendo el televisor, no estaba concentrada en lo que los personajes decían. Tenía muchas cosas en la cabeza. —Hey ¿podemos hablar? —Barry apareció de repente, sentándose a su lado. La niña lo observó un momento, se veía algo serio. —¿Los documentos sirvieron de algo? —se atrevió a preguntar, aun no encarándolo. —Sí, aunque todavía faltan algunos por revisar. —¿Vieron el video? —susurró no queriendo del todo saber la respuesta. Pero debía saber. —No, no aún —expresó al fin el muchacho. La niña soltó un pequeño suspiro, la verdad no sabía si quería que lo vieran, pero entendía que debían hacerlo para poder tener más pruebas. Solo que, no quería que su familia se sintiera culpable o molesta, o la situación fuese más tensa de lo que ya era. Era un tema complicado; una cosa era imaginar lo que probablemente el hombre le había hecho, y otra muy distinta era verlo en "vivo y en directo" —¿Están seguros de que quieren mirarlo? —cuestionó sin poder contenerse. Barry agarró el control remoto y se dispuso a apagar el televisor. El lugar se quedó en silencio mientras la niña se quedaba viendo fijamente la pantalla negra. No quería encarar al chico, porque creía que seguía algo enojado por haberlo desobedecido y haber puesto en riesgo su bienestar. —Madi —Barry empezó a hablar y delicadamente sostuvo el mentón de la menor para hacer que volteara su cabeza y lo observara —¿No quieres que lo veamos? La niña se encogió ligeramente de hombros. —No lo sé. —¿Por qué? —Verán...verán lo que Robert me hizo —respondió con débil voz. —No quiero que se sientan mal o algo así. —No te preocupes por nosotros, cariño. Todo va a estar bien —aseguró el muchacho en un intento de aliviarla. —¿De acuerdo? —Barry le mostró una pequeña sonrisa y le dio un toquecito en la nariz. La niña sólo pudo dar un leve asentimiento. Sabía que velocista solo había dicho aquello para que ella se sintiera bien, pero sus intenciones no habían funcionado del todo. Soltó un débil suspiro e hizo una pequeña mueca. —¿Sigues molesto conmigo? —se atrevió a cuestionar en un débil murmuro. A Barry le agarró desprevenido aquella pregunta por eso le tomó unos segundos en responder. No estaba muy seguro qué era lo que sentía, solo que no le había sentado nada bien saber que la menor no había usado la alerta en su celular por decisión propia. —Ahora ya no —respondió al fin, para tratar de calmar a una nerviosa niña. Sabía que a la pequeña no le gustaba cuando él se encontraba enojado con ella, aunque a veces no podía evitarlo. Madison sintió cierto alivio recorrer su interior. En un ágil movimiento se sentó en el regazo del chico, lo abrazó con todas sus fuerzas apoyando su mejilla en el pecho de él y cerró un momento los ojos. Barry no tardó en abrazarla y el lugar quedó nuevamente en silencio por uno o dos minutos. »¿Cuál fue su excusa? —preguntó de repente el muchacho. Ayer la había dejado reposar, y se había mantenido ocupado en ayudar a Cisco con las pruebas mientras la niña se quedaba con Caitlin y la distraía; pero hoy creía oportuno preguntar, así podía también estar preparado para ver el video. La pregunta del muchacho tomó por sorpresa a la menor. Madison se despegó un poco de él y lo observó frunciendo ligeramente el ceño. Sí, ayer no habían hablado del tema a profundidad, pero esperaba que lo olvidara o lo dejara pasar. Era algo que obviamente no iba a suceder. —Barry ya no importa —intentó. —Claro que importa, Madi —murmuró con seguridad. El ojiverde también quería saber si ese ser había intentado manipularla otra vez, si había logrado jugar nuevamente con el razonamiento de la pequeña haciéndole creer que estaba bien lo que le había hecho. "Si Barry no está enojado ahora, lo estará en unos segundos", su mente le recalcó, casi burlándose de ella. Madison guardó silencio un momento, no quería decirle que técnicamente había sido ella quien lo había provocado. —Robert quería saber quién me había dado el código para abrir la puerta del sótano —susurró aquella verdad a medias, agachado ligeramente la cabeza. —Espera, pero me dijiste que tú habías decidido no apretar la alerta —El día de ayer Madi le había comentado eso, pero lo que acaba de responderle tranquilamente podía ser la razón por la que no había podido pedir ayuda. —Hmm... —La niña volvió apoyar su mejilla en el pecho Barry. —¿Qué no me estás diciendo? —expresó, Madison sintiendo las vibraciones de las cuerdas vocales del muchacho. —Te vas a molestar —susurró. —Me voy a molestar más si no me lo cuentas —La niña soltó un suspiro de derrota, sería peor si se enteraba por ver el video. —Necesitaba evidencia de los... de los golpes —expresó con débil voz —Necesitaba que quedara grabado, así que... así que lo provoqué. El lugar se quedó otra vez en silencio. Barry la sostuvo de los hombros, la separó de él y clavó su vista en ella. "Genial, ahora, está furioso, tonta" —¿Qué hiciste qué? —La incredulidad en su tono de voz fue muy notoria. Su seria expresión la hizo casi encogerse en su sitio. —Lo provoqué, porque necesitábamos esas pruebas, Barry —Madison se atrevió a decir. Aquella respuesta fue algo que no le gustó para nada al chico. ¿Había arriesgado su vida por pruebas? Se suponía que su seguridad era primero. Y escuchar que era ella la que lo había provocado, le hizo sentir nuevamente ese enojo que creyó que ya lo había sepultado. —No, lo que necesitaba era que me obedecieras, Madison —Al chico le estaba costando no explotar frente a la niña que no parecía entender la severidad del asunto. —Lo que necesitaba era no te expongas de esa forma. —Sólo fueron unos cuantos golp... —¿Unos cuantos golpes? —preguntó con incredulidad —Llegaste con arañazos y marcas rojizas en tu espalda, y algunas se han tornado moradas —expresó con seriedad. —No pensé que...que me daría tan fuerte. —No debiste de pensar, Madison, sólo debías obedecerme —soltó, alzando un poco su voz, pero luego volvió a inhalar y exhalar pausadamente unas cuantas veces para tratar de mantener la calma. Madison se sobresaltó ligeramente, estaba sensible a los sonidos fuertes, sobre todo cuando alguien alzaba la voz; aunque de igual modo frunció el ceño. —Robert debe pudrirse en la cárcel, y necesitábamos evidencias de la paliza —acotó con voz neutral, tratando de que él entendiera su punto. —Con las marcas de la anterior vez era suficiente, tu declaración a la policía también hubiera servido. No necesitabas exponerte de ese modo. —Pero... —Pero nada —El chico masajeó el espació entre ceja y ceja, y pellizcó su piel. Miles de pensamientos pasaron por su mente, unos nada agradables —Maldición, Madison, pudiste haber salido mucho más lastimada —masculló otra vez alzando la voz. La niña nuevamente se sobresaltó y se tensó. Barry al notarlo, soltó un débil suspiro, tomó otra respiración profunda y, moderando su tono de voz, prosiguió: »No hay excusas para que pongas en riesgo tu vida. Por lo que me cuentas, ese hombre es capaz de muchas cosas; él ordenó a herir a un chico simplemente por información, no quiero ni imaginarme que te hubiese hecho. Madison observó a un abrumado chico y, quizás, no se había puesto a pensar en todas las consecuencias de sus actos. Había estado jugando con fuego, pero recién había caído en cuenta que, tal vez, había estado más cerca de las llamas de lo que creyó. Robert era un inestable hombre que podía haberle hecho otras cosas más para sacarle la información o simplemente por el hecho de que lo había provocado o había mencionado a Amanda, o incluso porque había osado defenderse en algún punto. —Perdón —susurró, agachando levemente la cabeza. —No quiero que vuelvas hacer algo así ¿Estoy siendo claro? —Barry habló con autoridad y firmeza. —Está claro, seño... —Madison se detuvo cuando supo cómo iba a responderle y se corrigió —: Está claro, Barry —musitó. El ojiverde negó levemente con la cabeza, pero se obligó a no sonar tan serio. No le gustaba que la niña tuviera el instinto de responderle «señor», aunque sabía que llevaría unos días a que se desacostumbrara. Barry le tenía mucha ira a Robert, por la culpa de ese hombre, Madi había retrocedido en todo lo había aprendido con él ahí. Ahora podía ver que la niña, a veces, se tensaba y sobresaltaba cuando él se acercaba, cuando alzaba la voz, cuando alzaba su mano. O también agachaba la cabeza esperando algo que ni él ni nadie de su familia haría. El chico sostuvo su mentón suavemente y le hizo mirarlo. —¿Lo prometes? —Sí. —Pero debes cumplirlo, Madison —La niña escuchó la firmeza en sus palabras, pero no había esa dureza con la que le hablaba su progenitor. —Esto ya sucedió con Zoom y ahora con Robert, debes cumplir tu palabra o voy a estar muy enojado contigo ¿de acuerdo? La niña solo pudo asentir con la cabeza, tomándola desprevenida las palabras del mayor. No sabía que iba a recordar cuando lo desobedeció y atacó a Zoom, exponiéndose. »No escuché tu respuesta, Madi. —De acuerdo, Barry —pronunció luego de encontrar su voz. —Bien —El chico la soltó y dejó salir de sus labios otro débil suspiro —Ven aquí —indicó luego de un momento, alzando ligeramente sus brazos y esperando a que la niña lo abrazara. Madison hizo una diminuta sonrisa, sabiendo que, con ese gesto, Barry ya la había perdonado. Sin demora, se acurrucó entre sus brazos y lo estrujó con fuerza. Había sido una conversación algo extenuante, aunque ella había logrado ver su error. No sabía cómo, pero el chico siempre le ayudaba a ver el error de su comportamiento -si es que ella no se daba cuenta sola- y así poder intentar con todas sus fuerzas no repetirlo. Sintió que el castaño dejaba un casto beso en la cima de su cabeza y apoyaba con suavidad su mentón en el mismo lugar. Barry tomó unas cuantas respiraciones mientras trataba de calmar sus alocadas emociones. Se obligó a no pensar en los catastróficos escenarios en los que la niña pudo haber acabado. Luego de unos cortos minutos de estar en un cómodo silencio, la mente de Barry se relajó ligeramente, pero quería asegurarse de que la niña pensara dos, tres, cuatro veces antes de que tuviera esos descabellados planes donde su vida corría peligro, quería que evitara a toda costa una situación de ese nivel; así que pronunció lo siguiente: »De igual modo, creo que mereces un castigo —declaró, pensando que aquello era una solución para que no volviera a exponerse y por fin lo obedeciera en algo donde su vida estaba en juego. Porque no sabía que más hacer para hacerle entender. No quería que le sucediera algo por sus irresponsables impulsos. Madi inmediatamente se separó de él y lo observó frunciendo el ceño. "Es Barry, sabes a qué castigos se refiere", se recordó rápidamente, aunque aquello le hizo hacer un pequeño puchero. Sus castigos le hacían morir del aburrimiento. "No seas exagerada" —Pero Barry... —Madison se quejó. —Ya es hora de que comiences a obedecerme —expresó, tragándose las ganas de sonreír por el tierno gesto de la niña. —Pero siempre te obedezco —El chico alzó una ceja, demostrando la incredulidad ante aquellas palabras —Bueno —La niña alargó la letra "e"—, casi siempre. —Madison se encogió de hombros, escondiendo una pícara sonrisa. "Algún día le sacarás canas verdes" "No es mi culpa que a veces sea tan mandón" El castaño nuevamente negó con la cabeza algo divertido, pensando qué haría con la niña que tenía entre sus brazos. —Dos días sin videojuegos, eso incluye los de la consola y tu celular. Además, no podrás ver televisión ni leer Harry Potter —explicó la improvisada penitencia que se le había venido a la cabeza. —No me quites a Harry Potter —masculló cruzando sus pequeños brazos —Así es muy aburrido. —Me encargaré de que no te aburras —acotó el ojiverde con una sonrisa —¿Te recuerdo que tienes tareas acumuladas y debes ponerte al día en las clases que faltaste? —La pequeña lo miró mal, pero tenía razón; ese mes no había podido concentrarse en hacer todas las tareas y, bueno, no había entrado a sus clases un día entero. »Además que siempre me puedes ayudar en los quehaceres de la casa —Barry le guiño un ojo. Madison rodó los ojos. "Solo son dos días" se repitió en su cabeza para tratar de convencerse de que no sería tan malo. —Aburrido —volvió a quejarse, aunque el castaño la ignoró. —Ah, y tu hora de dormir será ocho y media, comenzando desde hoy —concluyó. La verdad es que, lo de la hora de dormir, a Barry se le había ocurrido en ese instante para "obligar" a la niña a descansar. Tenía ojeras muy notorias y sabía que, sin una hora fija, la pequeña estaría dando vueltas por ahí sin descansar esas horas acumuladas de sueño. Después de todo era una niña y, precisamente, no les gustaba acostarse temprano. —¿Qué? No —la niña expresó con incredulidad. A esa hora recién se estaba alistando para comenzar a leer en la comodidad de su cama. —¿No? Ah, entiendo, entonces quieres que sea las siete y media. —La menor soltó un bufido, pero se apresuró a responder: —¡No! —Eso pensé. —¡Ufa! Eres malo. —Barry no pudo evitar soltar una pequeña risa. —Si fuera malo te castigaría por una semana entera —justificó. Esta vez besó su frente y pellizcó con suavidad la mejilla de una molesta niña. Madison le dio una leve palmada en su mano para que la dejara en paz. El castaño alzó ligeramente la ceja por aquella "descarada" acción, entonces picó con sus dedos los costados de la niña, aunque sólo un momento. Aquel acto hizo que la ojiverde riera sin poder evitarlo por las cosquillas que había sentido, pero no se removió mucho para que su espalda no molestara. »Te quiero mucho, pequeña —comentó el chico de repente y la niña, a pesar de que estaba molesta con él por haberla castigado, no pudo evitar mostrarle una diminuta sonrisa. Cada vez que el chico le decía esas palabras, ella sentía mucha calidez recorrer su pequeña figura. —Te quiero —le respondió, besando su mejilla y bajando de su regazo. El velocista también sonrió. —Bien, debemos cenar algo así te alistas para dormir —Barry acotó, observando su reloj. —¿Podemos cenar pizza? —No creo que merezcas pizza. —Por favor. Por favor. Por favor —pronunció alargando a "o" —Por fa, sé bueno. —Esta vez junto sus manos y le mostró uno de sus mejores gestos de convencimiento. Barry rodó los ojos, pero Madison supo que ya se había salido con la suya. —Ugh, está bien —el castaño expresó y Madison dio unos cuantos aplausos por su victoria. El chico masculló en voz baja algo como «ese gesto será mi muerte» y desapareció dejando solo una ráfaga de aire. La niña dejó escapar una pequeña risa y se sentó en el sofá. No fueron muchos minutos para que Barry llegara con dos deliciosas cajas de pizza. —¡Sí! —expresó con entusiasmo y se levantó enseguida para comenzar a engullir la apetitosa comida en el comedor. ------- Luego de cepillarse los dientes, la niña se dio un baño rápido -con cuidado de no hacer doler la piel de su espalda-, y se había "robado" otro de los polos anchos de Barry que le llegaban hasta casi la rodilla. En algunas noches, como esa, hacía un poco de calor, así que con eso dormiría. Madison rodó los ojos cuando escuchó a Barry decirle que ya era hora de acostarse. La menor se dirigió a su habitación, prendió su lámpara y dejó que el chico secara su cabello con la secadora, no tomándole ni dos minutos, pues había usado su super velocidad. —¿En serio debo dormir? —cuestionó viendo el reloj que marcaba las ocho y diez de la noche. La niña se levantó de la cama y se colocó delante del muchacho —Pero no tengo sueño —medio mintió. Sí, estaba agotada, pero creía que era muy tempano. —Estás cansada, cariño —Barry acotó, colocando un mechón detrás de su oreja para luego colocarse también de pie —Anda, adentro —indicó luego de destender una esquina del cubrecama. —Espera, tengo una idea —La niña alzó sus brazos hacia adelante y, con su poder, sacó el libro que quería y lo atrajo hasta sus manos. Se sentía bien usar su poder libremente. —Madi... —medio advirtió el muchacho al ver el libro de Harry Potter entre sus pequeñas manos. —No voy a leer yo, tú leerás y yo escucharé —Madison habló con algo de entusiasmo —Todavía quedan veinte minutos —La menor alzó la cabeza para verlo —¿Por favor? —pidió. Barry meditó unos segundos su propuesta. Técnicamente no estaba incumpliendo la penitencia que le había puesto hace unas horas atrás. »Será divertido. Hayley solía leerme de vez en cuando —recordó con algo de nostalgia. Parecía que había transcurrido una eternidad desde que su hermana de otra sangre estuvo con ella -aunque en verdad solo habían sido unos meses-, y no iba a negar que la extrañaba con todo su corazón. Su expresión debió haber cambiado, ya que Barry la observó con una pequeña mueca y luego le dio un toquecito en su nariz. —Está bien, pero solo un par de hojas —musitó e hizo un ademán con su cabeza para que se acostara. Madison le mostró una amplia sonrisa y trepó a la cama. Por suerte su espalda ya no ardía ni dolía tanto, así que se echó sin dificultad. Barry se recostó al lado de ella, la mitad de su cuerpo apoyado en el respaldar de la cama. El chico dejó que la niña se acurrucada a su costado y abrió la hoja donde estaba el separador que Madi había puesto hace tiempo. La verdad era que ya no le faltaban muchas páginas para acabar el último libro de Harry Potter. Madison alzó ligeramente la cabeza cuando el castaño no empezó a leer. La niña frunció el ceño cuando lo observó algo ido en sus propios pensamientos, lucía como si estuviera recordando algo. —¿Barry? —se atrevió a llamar, alzando un poco más su cabeza para verlo a los ojos. —No vuelvas a ocultarme algo así, por favor —pidió de repente, sorprendiendo ligeramente a la niña. El castaño agachó su cabeza, observándola, sus ojos reflejaban tantas emociones... había preocupación, arrepentimiento, ligera frustración, seriedad, incluso algo de miedo —Si alguien te lastima, debes venir a mí —indicó, esta vez había mucha firmeza en sus palabras. La pequeña frunció ligeramente el ceño, ahora entendiendo completamente a lo que se refería. —Pero... —Quería decirle que no había sido todo por voluntad propia. Robert le había advertido que dañaría a su familia y no podía dejar que eso ocurriera. —No importa quién sea. No importa lo que te haya dicho, no importa si nos amenaza; debo saberlo así podemos hacer algo ¿de acuerdo? —interrumpió. —Les iba hacer daño —acotó en un murmuro, recordando las amenazas de aquel ser. Barry negó con la cabeza. —Te hizo daño a ti —recalcó —Somos un equipo Madi, si nos quedamos callados, nunca podremos ayudarnos. La niña lo observó con esos grandes ojos verdes que aún guardaban inocencia y mucha sabiduría, y meditó un par de segundos las palabras del castaño. Tenía razón, debía apoyarse en él, en su familia. Había sido una pesadilla guardarse algo como eso, pero ahora entendía cómo debía actuar. Solo esperaba que nunca más algún adulto la manipulara o le hiciera daño. —Está bien —susurró. —¿Me lo prometes, cariño? —el castaño expresó en casi una súplica. —Lo prometo, Barr. —Esa es mi niña —expresó con una pequeña sonrisa —Y yo te prometo que haré todo lo que esté en mis manos para que nadie vuelva a lastimarte de esa manera —aseguró el muchacho, dejando un casto beso en la cima de su cabeza. Madison le mostró una sonrisa y se acurrucó más contra él, sintiendo alegría y tranquilidad envolver su anatomía. No sabía lo que sucedería en los días siguientes -cómo proseguiría su caso- pero, por hoy, no quería atormentar su cabeza con aquellos negativos y horribles pensamientos. Por esa noche se concentraría en la suave y calmada voz de Barry mientras le leía su libro favorito. El muchacho siguió leyendo un rato más, hasta que se dio cuenta de que la niña había caído rendida en un profundo sueño. Barry dejó el libro sobre la mesa de noche y la acomodó mejor, atrayéndola más a él. El chico besó su frente y también cerró los ojos por un momento. Tenerla entre sus brazos le hacía sentir una tranquilidad inexplicable. Los días siguientes serían alocados, atareados y, quizás, frustrantes; pero por ese momento simplemente cerraría sus ojos y se relajaría.
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