POV Antonella Las habladurías no son de Dios, definitivamente son del diablo. Desde que llegué del viaje entré por las puertas con la frente en alto, pero… Al ver las miradas imprudentes y las risitas bajitas mi autoestima se fue yendo abajo con rapidez. Acelero mi paso para escapar de las miradas inquisidoras de esas mujeres. Voy a cruzar en una esquina y me tropiezo con una pared de músculos, era Felipe, uno de los del quinto piso. —Oh, lo siento mucho Felipe, no te vi venir. Me disculpo y parece que este le hubiera dicho un chiste porque me mira de arriba abajo con una sonrisa burlona en la cara. —Por eso digo que a las calladitas hay que tenerles miedo. Suelta esas palabras al mismo tiempo que sigue su camino y eso me deja congelada. ¿Qué carajo estaba pasando aquí? Camino hasta

