Su rostro es tan apacible, con sus labios formando un pequeño puchero mientras duerme plácidamente a mi lado. Las sábanas de la cama apenas cubriendo su curvilíneo cuerpo dejan al descubierto su torneado y esponjoso culo. Mi vista recae en la viscosa esencia que recorren sus muslos y el sentimiento de orgullo se instala en mi pecho. Es así como sueño tenerla siempre, realmente exhausta y satisfecha. Tengo que admitír que muchas veces quien terminaba exhausto soy yo, mi hermosa esposa comparte conmigo el extremo gusto por el cuerpo del otro. Sonrío cuando se remueve y suelta un gemido somnoliento al sentir mis caricias en su cintura, me encanta que su cuerpo reaccione a mí, aun cuando ella no sea totalmente consciente. La atraigo hacia mí, uniendo su espalda con mi pecho. Hundo mi nariz en

