El tiempo pasó rápido, Noelia tenía su vientre muy grande, apetecible para que todos la tocarán e hicieran que el bebé dentro saltará de alegría. Sus amigos se habían casado un par de meses atrás y todos ellos habían asistido como la familia Kingman. Ámbar estaba por cumplir sus 18 años y por supuesto que su abuela no se quedaría con las ganas de preparar un gran evento y conocer a sus amigos. Pero ella solo deseaba ver a alguien en especial, a quien no volvió a ver después de ese arrebatado beso que sacó su primer orgasmo. Su madre aprovechó el día en casa y decidió hablar con su hija, no solo de sus planes para estudiar, también del amor, deseaba tener una relación abierta con ella, conocer sus pasos a la adultes. —¿No has decidido a donde vas a estudiar? —la pregunta de su madre la

