Michel. Estamos en el auto, en el garaje del edificio mirando a la nada misma, tres meses de embarazo tiene y son dos, un regalito del cielo dirían, si no fuera que hace cuatro meses que andamos, ósea que desde la primera vez en que no nos cuidamos la embaracé y nosotros ni enterados. —Aún no caigo. —Que puntería la mía, no lo puedo creer. —nos miramos y nos empezamos a reir, o reímos o lloramos creo—. Dos al primer intento. —No digas eso. —se tira hacia atrás cerrando los ojos—. No puedo creer que hallan vivido a la hemorragia Michel... Es una locura. —Están empeñados de venir a este mundo. —Vamos que tengo sed. —no hay palabra en nosotros, solo silencios y sonrisas porque no puedo parar, me tiro en el sillón mientras va por agua—. ¿Quieres agua amor?. —Por fa. —me trae una botella

