Pasamos un buen rato maravilloso en la piscina, Max, la niña y yo. Maite bajó al rato y no vestida de piscina, sino normal. Ella hoy no amaneció para joderme, la vida amaneció más tranquila. —Amor, tengo hambre, — me dijo más mientras salía de la piscina. —Y yo también —le dije mientras veía ese cuerpazo todo mojado. —Voy a hacer unas carnes asadas en el asadero, qué tú dices, me dijo luego de que moviera el asador del lugar para limpiarlo. Y de paso saludar a Maite. —Hola, Maite, ¿cómo estás? —Cómo amaneciste le decía luego de limpiar su asadero. —Bien, dormí bien, cómoda. Gracias, decía, quiero que me lleve al pueblo a comprar algunas cosas para mi cumpleaños que es mañana. —Decía con vos de mando. —Eh, vete con uno de los choferes, ellos están ahí para eso. Ahora mismo no puedo,

