—Amor tu amiga, la secuestro, Ricardo— le dije a Abigaíl que estaba con la niña dándole de qué comer. —¿Qué?—ella se sorprendió Ay Dios la va a matar, —dijo angustiada. —No, amor, ella se escapó, está malita porque se cayó por uno de rico, se fracturó la pierna, pero todo está bien, —le dije abrazando a mi mujer. —Pero está bien¿verdad?— me dijo mirándome a los ojos con sus ojos cristalizados. —Sí, amor, nada de qué preocuparse le dije luego de que la besara. La cena es, estábamos en la mesa, no tenía hambre, nos sentamos a cenar Abigaíl y yo mi tía, los del servicio cenan aparte, pero no tengo mucho apetito de comer en pensar que Ricardo anda por ahí rodeando. Pero el localizador del teléfono de Abigaíl ya estaba apagado, pero yo se lo quité para que no lo rastreen, pero como quie

