Siendo tosca, Lethelin solo conocía indirectamente lo que ocurría en las diversas academias de entrenamiento mágico que el trono subvencionaba. Pero incluso con información limitada, sabía que el ritmo al que Revos y Allora lo sometían era inaudito. Y la brutalidad a veces la impactaba. No creía haberlo soportado. Veía a Mitchell quebrarse a veces. La ira ante los constantes y pequeños dolores que Revos le infligía crecía en él como una marejada ciclónica, pero entonces miraba a Allora, que siempre estaba cerca, y encontraba en su interior la fuerza para controlar esa rabia y seguir adelante. Pensaba que podría seguir a alguien así. Había trabajado para hombres y mujeres en las bandas que no tenían ni la mitad de la voluntad que Mitchell mostraba cada noche. Oh, eran asesinos acérrimos, si

