cap 17

4228 Words
—No me gustan los truenos ese es el problema.—Desprendió un poco de ternura de sus labios. —No importa seguro, que estaremos bien, solo súbele un poco el volumen al televisor, yo buscare algo de leña para echarle a la fogata y encender la chimenea. Acto seguido ella hizo completamente lo que dijo el hombre, Alex fue y prendió la chimenea, donde al comienzo por efecto de una combustión espontánea salía algo de humo por la culata, llenando su cara de carbón. Cuando Aleisha vio la cara de Alex envuelta de carbón rio un poco. Alex solo gruño. No le causaba gracia. Nada más verla alegre le dio un respingo… —No me da mucha gracia princesa, pero te abierto que no me gustan las bromas pesadas, me parece de muy mal gusto. —De verdad que eres un viejo. El tono sarcástico de la chica era sutil. Ella se acurruco entre las sabanas, mientras que Alex terminaba de hacer la comida. No paso mucho hasta que el, la verdadera forma de cocinar, los secretos estaban en los sabores, entonces hizo otra carne, esta vez con una espagueti, en donde le ponía mucho condimento a la comida. —Huele rico. Dijo Aleisha en un tono burlón. —Ya lo veras. El reto se lo tomo a pecho, estaba completamente en un largo camino, entonces hizo lo mejor que pudo con la comida, adobándola como lo haría un chef profesional. Abordo el sillón con tres grandes bandejas. —Come… Rosa, tienes que cuidarte. Eso de pasar hambre no va conmigo. —Ya sabes que lo dije porque lo dije, en el hambre y la miseria, también en la abundancia. Cada palabra iba desbloqueando el corazón herido del chico, nadie le había dicho antes unas palabras así, menos cuando comían. Entonces el apetito se quedó de lado por algunos momentos. —Entonces dices ¿qué es mejor pasar hambre que separarte de una persona a la cual quieres? —Sí. —Entonces eres la primera que oigo decir algo parecido, pero tal vez por eso eres distinta de las demás Rosas, aunque eres vanidosa y caprichosa también eres tierna y considerada. Aleisha se enrojeció. Esas palabras le pusieron duros los pezones. Le causo respingos, allí estaba el poeta detrás de Alex, era imposible escaparse de esa faceta, era casi impermisible, no escuchar esa voz, hablando bien de ella, colmando su ego, con frescura y necesidad. Con ternura, con descaro, su lengua era una rebelde. —Sí, es lo que digo. —Pereces una poeta. —Tal vez, pero me gusta ser fiel. Aunque me traicionen, igual los que fallan son ellos, yo para nada. Felizmente se quedó conforme con aquella confrontación. El comió placenteramente mientras miraba a ella disfrutar de la comida, con el tenedor trataba de no lanzar la comida para el piso. Entonces le causo algo de risa, estaba claro que tenía aquella conexión con ella, que la hacía ver como una chica de doce años, pero a la vez la clave para hacerlo arder en llamas por dentro.  Es que era como una niña y bella, pero con unos ojos definitivamente fuera del planeta, para que tener ojos azules, cuando la chica tenía unos ojazos de color café,  brillaban y además eran profundos, misteriosos, como un laberinto era excitante, era intimidador, pero no le daba miedo, era como una mirada posesiva que se apoderaba de su ser, lo empujaba a un abismo, donde no quería salir, porque estaría ella, entonces podría sentir felicidad. Era una mota de felicidad, la cabaña era una bala de placer, cuando ella se encerraba en sus gestos, fáciles de contemplar. Era como una canciones en invierno, cuando se pegaba en tu cabeza no salía de allí, en mucho tiempo. Era adictivo, también misterioso, tal vez estaba nadando en aguas muy profundas, pero la chica también lo estaba haciendo, entonces pensó que sería buena idea en sacarle más información antes de operar. —Aleisha—Le encantaba que le hablara de ese modo dominante— dime ¿cuál fue el último hombre con el que estuviste? —Hace tiempo ya. Estoy en verano. Curioso hablar de un verano, cuando estaba lloviendo a cantaros fuera de la casa, era una tormenta huracanada y adentro estaban en verano. —Olvida tus temores entonces, tienes que buscar a uno que quepa en tus cabales rosa… —El único que puede hacer eso eres tú. Esas palabras lo dejaron boquiabierta, no sabía que decir. El silencio se presenció por un poco de tiempo. Básicamente ella le estaba tirando los tejos, pero debía hacerse un poco el duro, no porque no quisiera echársele encima y morderla hasta que cayera rendida en sus brazos. Tuvo que contenerse. Esos sentimientos eran fuertes. Se podían respirar. La tormenta no amainaba, entonces no iban a la fiesta, se tenían que quedar en la casita. Adiós Martha, pero estaba con la chica más bella del mundo según el consideraba, no entendía porque le estaba dando tanto, porque se le estaba entregando de esa manera, pero tampoco podía ocultar su corazón, quería besarla hasta que se desmayara. Tal vez porque tenía un nudo en la garganta también era difícil tomar una decisión que estuviera en sus cabales. Tenía que pensar con la cabeza. No con el corazón. Tan siquiera en ese momento no podía tomar una decisión alocada, porque sabía que si la chica veía algo sospechoso iba a terminar rompiendo los ideales que había forjado hasta ahora, entendible, cuando ella le había dado una mano, y su confianza depositaba en su corazón. No podía hacerla sufrir, era por los dos, pero más para Alex que quería morder sus labios con pasión. Estaba en una encrucijada Tenía que ser inteligente en la toma de decisiones, cosa que no era su fuerte. —¿Estas segura de lo que dices? Era su única escapatoria certera y segura. —¿Me estas evadiendo…? Obviamente la chica tampoco era una tonta, tenía las cosas bien claras, pero no se podía botar de esa manera tan seguida. —Para nada mi rosa, solo quiero saber si es verdad las cosas que me estás diciendo. Ella arrugo la boca. —Príncipe azul, si no tienes confianza en mí, por favor  entonces no eres quien me pueda cuidar. Entonces ella recordó que antes, Alex le había dicho algo acerca de Martha, entonces sintió celos, pero también lo utilizo para destruir sus acusaciones contra ella. Dándole un poco de ventaja. —Entonces príncipe Azul no será que estas atrapado aun en las caricias de Martha. Alex rio. —Para nada, desde hace mucho que ella ya no me llena, desde hace mucho, que ella no me gusta, no me causa latir mi corazón. Para mí, la chica que se sincronice perfectamente conmigo, es la que tiene derecho a mi corazón. Llegar a sincronizar la mente de alguien con la suya era casi imposible, parecía absurdo, inquietante, era completamente un mito.   —Mi príncipe, eso es casi imposible. —No mi rosa, para nada. Como va a ser imposible, solo tienes que quererlo, si lo quieres lo puedes hacer. No quería comprender todavía, tal vez lo que quería decir, estaba en algún libro, como el del principito, pero tampoco había escuchado algo así, cuando leía el libro. Que intentaba decir, el. Ahora estaba siendo misterioso, como antes lo había hecho con algo de poetizo.  Era terrible tantas cosas que había pasado el hombre, como una chica de ciudad, que había estado toda su vida en dudas, iba a sincronizar en la mente de un hombre decidido como el, era imposible, tan siquiera para ella sí. > la mente de Aleisha estaba inmersa en aquellos pensamientos que le podían dar algún indicio a la mente del hombre. Que misteriosa era, como podía comprender algo incomprensible, era algo completamente una incógnita. Tenía que entonces dar una ecuación para poder resolver, el problema en su alrededor. La chica parecía un poco despistada, con lo único que debía entender. > era lo que quería decir Alex. Las palabras no se dijeron. Entonces el silencio invadió la sala. —Ay mi príncipe, que mal, estoy completamente divergente en mi cabeza por tus preguntas, por tus pensamientos, no pueden ser como los míos, no son tan simples, quiero que me des más pistas, para comprender lo que me dices. Precisamente por eso pienso que es necesario que me digas alguna de tus pistas para poder entenderte mejor, destapa ese corazón nublado que estas guardando adentro de tus dolorosos recuerdos. —La respuesta es fácil. —¿Cuál es mi príncipe? Necesito saberla. Él pensó inmediatamente. —Solo tienes que darme cariño. No algo material ni mucho menos. —Entonces eres como un escarabajo cuando queda con la panza arriba, alguien tiene que voltearte para que sigas tu camino, pero entonces cuando te ayuda, solo después te aplasta, para matarte. Aleisha acaricio la barbilla con sus suaves manos. El rostro del chico estaba sudado y frio. —¿No eres solo un escarabajo tú también…? —Posiblemente, tampoco puedo decir con exactitud. La chica siguió acariciándolo. —Aleisha. —Dijo— no me gusta que te consideres un insecto. La chica soltó una carcajada que la dejaba comprometida. —Estaba hablando en sentido metafórico. —El también rio. Alex miraba la mirada elegante de la chica, estaba escrutando los ojos, de su amada, con algunas caricias en su cara, estaba pensando, en qué pensaría ella, si descubrirá algo acerca de eso. Que guardaba su mente, que pasaba con ella, que quería, que deseaba, lo único que no podía darle era la luna, porque le pillaba muy lejos, pero lo demás tenía algo de suspicacia para conseguirlo al igual que un sentimiento que no podía negarse en su corazón, estaba presente, ocupaba tiempo y espacio, también lo consumía, porque el deseo incrementaba cada hora que pasaba a solas con ella. —¿También hay cosas que los lugareños tampoco pueden conseguir cierto? —¿Porque la pregunta? —Respóndeme por favor, Alex. —Si algunas cosas. ¿Por qué? Insisto. Ella guardo silencio. —Luego te contare cuando regresemos. Aleisha cambio el tema de la conversación rápidamente, pero le gustaba estar algo acalorada con su príncipe. —Aleisha, ¿nunca has pensando en reconciliarte con tu madre? En ocasiones lo había pensado en algo, buscarla, estaba poniendo en marcha un plan para encontrarla, para poder volver a encontrarse con ella, pero casi nunca le salía bien, tampoco tenía ninguna dirección o pista a la que seguir el rastro. —Lo he pensado, pero… nunca he sabido por dónde empezar. Ósea se me han escapado algunas cosas, por ejemplo a donde se fue, que es la primera pregunta que debería resolver, pero como no pienso hacerlo. Lo deje de lado. —¿Entonces te rendiste? —No precisamente… necesito tiempo  y algo de dinero para eso, y creo que no tengo ninguno de los dos. —Parece entonces que tienes algunos problemas, pero que quieres hacer con ella, piensas que podrías algún día reencontrarte. Y hablar de lo que paso —Tal vez, que te puedo decir, claro que me ha dolido que se fuera de esa manera. Pero, también quiero quererla como tal, como la madre que es para mí, es mi sangre, mi familia. El vio como las palabras las había dicho con tanto sentimiento que le partió el corazón en pedacitos. El corazón de Aleisha estaba completamente lleno de amor, como no lo iba a estar, era una chica hermosa, no por eso era incapaz de sentir alguna emoción tan fuerte, estaba como una niña. Necesitaba que esa sonrisa esporádica volviera a su ingenuidad, como lo era cuando era una niña. Brindándole una parte inocente para jugar, para divertirse para que fuera feliz. Para que su interior se llenara de felicidad. También estaba comprendiendo que la chica, tenía sentimientos liberados en su cuerpo por la madre que perdió, le daba otra medida necesaria para la jugada, para reparar su corazón indefenso, también para entonces poder dejar su huella en su corazoncito. Poco a poco se acerba a ella, estaba domesticándola, tal como él también estaba cayendo en sus trampas solo para yacer en su amor. Era tan letal aquellas trampas en su cuerpo, aquellas minas explosivas de querer en aquel campo de batalla, le hacían perder la razón, aunque las esquivaba con agilidad, pero si se está enamorado, también se puede fallar, entonces una distracción provocaría una explosión, que activaría las demás minas, acumulando todo el amor. Aleisha escuchaba atentamente al hombre. Aunque también tenía un corazón roto al cual proteger, el en efecto era el único que había roto una barrera tan espesa como un muro de concreto. Los demás estaban completamente absortos, estaban destinados a no hacer nada. Tenía que solo estar allí, él era la clave para su corazón roto, pero ella no lo aceptaba tan fácil, tal vez por el mismo trauma que antes. Percutían los recuerdos, de los hombres despreciándola, también de aquellos compañeros burlándose en su cara, también las falsas caricias de un amor, que pudo ser verdadero, todo se mezclaba en su cabeza, causando un severo estreñimiento. Aunque quería comprender porque aun él estaba a su lado después de tanto tiempo, no buscaba alguna palabra rebuscada con una respuesta vocal, que pudiera ser falsa, tenía que buscar  una respuesta verdadera usando su corazón aunque no funcionara para estas situaciones. —Ne te vayas a manchar con la comida. Aleisha estaba por mancharse con aquella cuchara llena de comida, entonces Alex se levantó completamente rápido, para cuidar que la comida no se cayera. Estaba ella distraída. —¿Te pasa algo? La voz preocupada de Alex le gustaba. —No para nada. No era verdad tiene aquellos ojos que no se pueden mantener fijos cuando le ponía su mirada interrogante. Aleisha sintió esa mirada la mirada tan interrogante. —Posiblemente no me lo quieres decir, pero está bien, si tienes algún problema dímelo para resolverlo. —Príncipe azul tranquilo, no me pasa nada. Mejor veamos alguna película romántica. —No me gusta el romance para nada —Negó rápidamente— mejor pongamos una de terror como lo hemos estado haciendo últimamente. Ella se negó. —En lo absoluto príncipe azul, no me digas ¿qué lloras con cada película romántica que vez? —Para nada bella flor. Ella rio simpáticamente. El tono de la voz de la chica en la casa era confortable le daba el calor de una familia a Alex. Aunque no dejara la pasión enterrada con Martha en aquellas paredes. —Entonces apodérate del televisor y hazlo, pon una romántica que nos haga llorar. —No mejor reír. —Bueno como tú quieras. Poco después ambos se sentaron en el sillón abrazándose paulatinamente, estaban acaramelados, y ella podía sentir aquel calor que desprendía el cuerpo de Alex. Era agradable, tanto que parecía un calor que pudiera prestarle alivio. Que pudiera salvarla. La película comenzó y ninguno de los dos, volvió a hablar hasta que era necesario. La terapia que iba a inquirir  para rehabilitar a su chica, era totalmente sencilla, hacer que se enamorara completamente de él, hasta hacerla colmar su paciencia y que acabaran juntos. Tenía una ventaja aterradora en los otros hombres y ases para jugar en la guerra. Constantemente Alex miraba con disimulo, tratando de guardar el secreto, la mirada tranquila de su amante, le daba paz. Aunque tampoco pensó que un día, poco después de haber construido la casa, iba a estar tan feliz con ella. Los martirios se habían acabado, la rubia llego para quedarse. El hizo un pequeño movimiento mínimo, en la parte de su hombro, quería hablar con ella. Una mirada interrogativa apareció al instante en la cara de Aleisha. —¿Me quieres decir algo? —Sé que no debería decirte esto… pero debo…. —Ella arqueo una ceja y ladeo la cabeza—mira tenía una sorpresa para cuando llegáramos de la fiesta, pero ya que la fiesta por razones obvias no se dio. Quiero que decírtelo. —¿Que es…? > Aleisha estaba en dudas, con la aptitud del chico. —Te conseguí un cupo para que estudies medicina, haciendo una reválida para que emparejes en el semestre que ibas. Inmediatamente la chica se echó al brinco, sus oídos no escuchaban bien, era cierto lo que decía Alex. Puesto que nunca le había mentido, era de lo más creíble. —Enserio. —Sí. Completamente. Hable con un amigo. Aleisha lo abrazo inmediatamente, soltó algo parecido a un gemido. Aleisha estaba ganado más terreno todos los hombres no eran iguales, tan siquiera no como lo eran los demás. Alex tenía aquella mirada de entusiasmo y esperanza que la enardecían. Haciendo que le latiera el corazón. Haciendo que sus emociones se elevaran por los cielos. Como estaba pasando ahora mismo. Se estaba dejando dominar por él. —Si hable con un amigo. Podrás estudiar en el nuevo semestre que empieza. Haces muy bien los puntos.—Mostro la mano. Con una sonrisa maquiavélica. —Tienes muchos amigos. —Si completamente. Pero tampoco se iba poner a sacar una ramificación de aquellos amigos a lo que conocía Alex, solo estaba contenta, tanto que abrazo con fuerza al muchacho hasta casi dejarlo sin aire, partiéndole el corazón en pedazos, pero ahora por la felicidad, estaba segura que las emociones que estaban sintiendo por el chico, estaban creciendo, no era cariño, estaba sintiendo amor, amor contemporáneo. —Es muy difícil entrar allí. —Con contactos no. Y llame a un viejo amigo, que lo rescate una vez  de un robo y pues nos conocimos, poco después entablamos una mistad y casualmente siempre está a la orden cuando necesito algo… La mirada de Aleisha estaba llena de júbilo. —Gracias de verdad. Siempre que sonreía se le marcaban dos hoyuelos en las mejillas que le daban una tonalidad hermosa, como un color mate agradable. —De nada, sabes que no quiero que pases por lo que yo. La soledad es horrible y más cuando la pasas en el encierro. —Con tu experiencia podías escribir un libro. —Posiblemente. —Entonces yo lo leeré. Porque me gusta hacerlo. El sonto una risa algo repulsiva. —Bueno eso lo veremos rosa… —Ves que si eres algo poeta. —Tal vez. Porque no. Puedo hacerte poesía. Estaban coqueteando, era la verdad, completamente, las cosas estaban saliendo bien, mas tampoco era de lo mejor, el chico amable también podía sacar las garras en cualquier momento. Aleisha se dio cuenta inmediatamente que él, estaba un poco más afincado que la última vez. Las estrellas eran una cosa. Pero tal vez no la podía hacer llegar a las mismas. —Que quieres decir príncipe azul. —Fácil. Que también mis dedos no solo sirven para conducir motocicletas. También para crear. Y dibujar. Ella hizo una mueca interrogativa. —Demuéstrame tu talento. Su voz sonó un poco más suave, más romántica que la última vez. Más excitante. —Que quiere que te demuestre mi rosa… —Dibújame algo. —No, me parece aburrido. Mascullo un poco —¿Entonces? ¿Qué quieres dibujar? —Quiero dibujarte a ti. La chica guardo un leve silencio. Tardo tanto en responder, que pensó que jamás iba a contestar a la pregunta. —Hazlo te doy permiso. —Sera un desnudo. —No.—Inmediatamente. —Vamos bella flor. Un desnudo para comprobarte que puedes confiar en mí. Imposible, entregarle su cuerpo a estas alturas, sin antes besarlo, ni siquiera conocerlo a fondo. Mientras que también sentía un sentimiento de complicidad, quería se suya, quería que la llevara a las estrellas. —Pero me da algo de vergüenza. —Tu cuerpo es bello, no debería avergonzarte. Esas palabras enardecieron el corazón de Aleisha. —Mi cuerpo en bello, pero mi vergüenza también es mucha. No seré capaz de mirarte a la cara después. —Déjame… Déjame plasmarte en el papel, por favor déjame volverte inmortal. Las dudas invadieron su cabeza, estaba completamente segura que era una invitación a tener sexo. O Hacer el amor. Aunque no podía comprobarlo hasta que supiera cuál de los dos podía brindarle el muchacho. Opto por dejarse llevar un poco más, atender al llamado de su interior que estaba gritándole que lo hiciera. Que lo dejara “inmortalizarla”  pero también tenía sus dudas para hacerlo. ¿Cómo la iba a ver? Si se le entregaba en cuerpo y alma en una noche de tormentas a las afueras de la ciudad. Quedaría completamente como una mujer sucia. Como una ramera. —No lo sé. —¿Porque no lo sabes? —Quedaría como una simple… Antes de que pudiera completar aquellas palabras Alex tomo su cabeza con las dos gigantescas manos para luego estremecerla por su cuenta en una sin fin de caricias. —No serás una simple nada. Eres la chica más hermosa que he visto en la vida, pero si no te dejas ayudar como creer que uno va a sacrificarse por ti. Esas palabras encendieron el corazón de hierro de la chica. Rompiendo aquella coraza que parecía tener. Que blindaba sus emociones. Los ojos profundos de Alex también le daban razones para quererlo hacer, veía en el la inocencia y la responsabilidad. Tenía en verdad ganas de verla desnuda, de dibujarla. Ella acudió a su llamado más salvaje. Hacerle caso a su instinto natural. —No tienes por qué temer. Solo estamos nosotros dos. Y además lo que pase aquí, aquí se quedara, incluso el dibujo que hare contigo. Le daba más confianza pero luego, nosotros empezábamos a cometer aquel error de ceder delante de una presión. Alex también sentía aquella necesidad en su pecho de tenerla y comérsela a besos pero se estaba conteniendo.  Demasiado contenido tenía sus sentimientos, estaba por explotar completamente. —Alex me verías como una chica que se deja convencer por algo tan simple como un dibujo desnuda. Me verías como una cualquiera. Fue su única respuesta. Entonces Alex pensó. —Si te consideras una cualquiera… pues ya yo no tengo nada que hacer, pero yo veo en esos ojos a la chica más hermosa que pueda tener la ciudad. —Solo exageras. No lo soy. Como voy a ser la chica más bonita de la ciudad, si ni siquiera confió en mi misma, aunque lo fuera no podría darte algo para que estés orgullosa de mi, solo doy motivos para que la gente sienta lastima. Como el día que te dije que los hombres solo me veían por mi cuerpo o cuando alguien se me acerca a mí solo para que me eche un polvo y luego se vaya, dejándome ilusionada para siempre, y luego volver a entrar en desconfianza con los hombres no es mi culpa, de verdad no es mi culpa, Alex yo… Alex pasó sus dedos por los labios de Aleisha silenciando poco a poco las dudas que emergían como balas de su boca. Estaba en pánico, estaba en zozobra con su mismo ser. Era independiente de las emociones que le podía causar Alex, pero también quería sentir el lado más bello del amor. La pasión. Pero como la experimentaba si no dejaba que alguien como Alex, se acercara, alguien que era  el único que podía ponerle emoción.  Un trueno cayó a la distancia, pero las nubes retumbaron como si hubiera estallado una bomba. Aleisha se aferró fuertemente a los brazos de Alex. Se aferró sin pensarlo, solo fue una acto reflejo que hizo por el trueno. —Calma mi rosa… sabes que soy responsable de ti… Ella miro fijamente a Alex en un breve silencio, era como si no tuviera más nada que hacer. Estaba condenada a ceder con aquellos ojos oscuros y profundos que le causaban muchas cosas en su pecho. Tampoco era su culpa, era algo físico se perdía solo estar a su lado, se dejaba poseer por aquel, por aquel demonio que tenía en su interior, que la hechizaba hasta que no podía reconocer más. —Si lo se Alex.  Pero sabes que las cosas poéticas no van mucho conmigo, te he seguido el juego nada más porque me gustas. Él se sonrojo… estaba confundido. —Me encantas Alex, eres aquel con el que quiero hacer mi vida. También quiero que seamos novios. Pero… no me pongas a hacer cosas tan vergonzosas. Alex trago saliva, antes de volver a hablar. —Rosa… no sabía que te gustaba, o tal vez sí, pero tampoco pensaba que lo hacías así. Con tanto fervor. Pero tampoco hare nada que no te guste, solo quería dibujarte. Pensó un poco más. Estaba ella cohibiéndole de que la viera, entonces de nada servía que se le declarara, estaba también  prohibiéndole que la viera, que la tocara o que la mirara, no estaba siendo diferente de Martha solo estaba siendo igual, o tal vez peor que ella en cierto aspecto.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD