cap 19

2882 Words
Rápidamente dio algunas pincelas, estaba teniendo una erección terrible, el cuerpo desnudo de Aleisha era completamente algo fuera de este mundo, se parecía a un Ninfa, o una Diosa griega. Su piel estaba mullida, al máximo, también estaba algún sudada, le daba algo de brillo a su blancura. Se notaba que algunas de sus partes, se las cuidaba muy bien. Casi podía respirar el olor a fresa que salía desde su espalda, su entre pierna, oscura y profunda, piernas largas y suaves, redondas, completamente cilíndricas. Suaves como ninguna de las otras, pechos firmes, y pezones rígidos. Hasta que una línea se convertía en un cuello lindo, con ganas de morderlo, ocultando leves líneas adorables, mientras que más arriba, el cabello cubría gran parte del rostro. Aleisha estaba sonrojada. Poco a poco fue adaptándose, aunque algún respingo hizo que Alex notaba que estar desnuda, le estaba dando frío. Pero su rostro también estaba decidido, Alex noto aquella mirada de determinación.  Entonces iba a dibujar como un dios, para poder satisfacer a su amada. Constantemente, en su mente se repetía algún tipo de regaño contra sí misma, no entendía porque estaba ella en esa posición. Con su sexo desnudo a Alex, era tantas las cosas que sentía que con solo verlo, la ponía como él quería, la dominaba completamente, le daba una orden y ella cumplía correctamente al pie de la letra. Estaba siendo tonta. Seguro el hombre estaba excitado y a continuación tiraban un polvo. No Con Alex no sería un polvo. Pero cara vemos corazones no sabemos. Tenía que saberlo. Desmentir lo que estaba en lo profundo de su ser caprichoso. —Alex…—Gimoteo entre un respingo— puedes hacer el dibujo un poco más rápido, tengo frio. Sin afectar su perfecta posición ella le confronto a los ojos, pero también deseaba que fuera un día acalorado, para pasarla desnuda todo el día delante de él. —Voy rosa… Alex dio algunos trazos más. Tenía una gota de sudor en su frente, tal vez era el calor que hacía por la chimenea, no. Era que se estaba esforzando en dibujar y en contenerse, ella sabía bien que no era una tabla, tan siquiera ahora no. Era una mujer demasiado atractiva, entonces le estaba causando sentimientos a Alex. Vio aquella mirada firme, le encantaba como estaba el chico,  sentado de piernas cruzadas en el piso, manteniendo firme aquel lápiz, mientras que la escrutaba completamente. Al principio esa mirada le causo miedo. Pero ahora solo le daba gusto. Se había ganado la confianza que decía. Alex estaba sentado determinado a hacer un dibujo excepcional para una chica excepcional. Completamente enfocado en su trabajo. No en las ganas de tomarla y darle un beso acalorado mientras que tocaba su sexo. Comprobando que estuviera húmedo, para luego hacerle el amor unas cuantas veces. (Toda la noche) Creo que tal vez tenga que esperar, pensamientos de Alex, estaba decidido a terminar el dibujo. Para el, tener sexo, no era más que eso… significaba tener sexo, nada en especial, pero hacer el amor era una sensación que no conocía. Claro había tenido mucho sexo con distintas muchachas del barrio, y también de la universidad, pero para que iba a tener que hacerlo con ella. No. Se merecía algo mejor, una sensación completamente diferente a la que conocía, hacer el amor era una nueva frontera a la que se enfrentaba. Entonces para que darle solo una satisfacción de instinto animal, quería llevarla al cielo, o al olimpo.  Entonces se concentró más en trazar las líneas adecuadas para terminar su dibujo antes que su dulce chica cogiera un resfriado. Posiblemente también estaba ocupada pensando en cosas, entre ellas Él. Como era posible que solo con una petición se le haya entregado. No era una ninfómana. Tampoco quería sexo, si para eso lo buscaba tenia a Aron y una lista interminable de hombres dispuestos a darle un buen rato de placer. Otro respingo ataco el cuerpo de la chica. Tenía que apurarse más.   Siguió trazando líneas como le daban sus manos, pasando por las cuervas de la cadera, ensanchada y bien tonificada, firme y dura. Posiblemente también la mejor en todo. ¿Cómo se moverían aquellas caderas? ¿Cuánto pesaban? ¿Tenía algún peso adecuado? Eran muchos demasiados como para poder tenerlo contenidos. Estaban estallando en su corazón una de las minas. Para provocar una condenas de explosiones. —Ya voy a terminar solo déjame… —Claro… La voz de Aleisha era un poco quebradiza. Claramente estaba incomoda, posiblemente tenia vergüenza. Pero porque avergonzarse de su cuerpo si era tan bello. Su cabello rubio solo hacía que contrastara más. Hacía que fuera un bello paisaje que se deslizaba hasta llegar a un valle profundo de descanso sempiterno. Alex exhalo como si estuviera conteniendo mucho las emociones contenidas en su corazón de hierro. Los truenos adornaban la zona, los relámpagos iluminaban la oscura habitación dando un pequeño tiempo… para observarse a los ojos. Una combinación de colores que tal nunca podían encontrarse en otro tiempo. Era imposible para muchos, que compaginaran. Pero era un prospecto, tampoco tenía un límite para sentir, aunque fuera ellos mimos quienes ponían los limites, Aleisha movía una mano para calentarse un poco, deslizándola por su cadera, hasta llegarla a su pecho. Era un movimiento con parsimonia. Provocaban seísmos en el cuerpo de Alex. Lo estaba haciendo. —Alex… —Se detuvo un poco, y ladeo la cabeza.— ¿Sabes que es hacer el amor? Mi príncipe ¿conoces esas emociones? La pregunta tensó el cuerpo del muchacho,  seguía dibujando.    —No mi rosa…no las conozco. Posiblemente no la he conseguido nunca. —¿Ni siquiera con Martha? Ambos cruzaron miradas. Entrelazando sus ojos brillantes por el fuego de la chimenea. —No ni siquiera con ella. Aleisha se enrojeció más. —¿príncipe azul. Me quieres hacer el amor? —Mi querida rosa, si no se hacerlo, ¿cómo te voy a satisfacer? ¿Cómo te voy a hacer el amor, cuando no sé cómo se hace? —Príncipe azul, inténtalo. Bésame. Abrázame déjame sentir tu calor. Te prohíbo que me folles en el piso o el sillón. Pero te dejo que me hagas el amor por toda la casa. —¿Tanto? —El amor es infinito. Tu aura es infinita, tu amor es como el universo. Muy extenso. La voz dulce de la chica, empezaba a entrar en su corazón de hierro, entonces dejo que una de las minas explotara nuevamente, estaba ahora atado a unas cadenas, que le había puesto Aleisha sin posibilidad de escapar, como se iba a contener con aquella petición. —Perdóname si fallo, no es mi intención. Solo quiero hacerte feliz. —No fallaras, ven a mis brazos. Alex sonrió con dulzura. —Me has domesticado. —Perder a una persona duele. Yo no te quiero perder a ti, entonces ven a mí y hazme el amor. Alex rápidamente lanzo el papel a un lado, en el piso, y se levantó del suelo, se acercó lentamente a Aleisha, hasta conseguir  tomar su barbilla con una mano. Se agacho delante de ella, hasta que quedo al nivel de sus labios. Posiblemente agonizando. —Eres muy bella mi rosa… tengo que cuidarte. —Ven siéntate a mi lado príncipe Azul. —No quiero que todo sea como un sueño efímero. Que solo lo recordaras por unos pocos minutos, y cuando despiertes ya no esté allí. —Seguro que no lo harás. Alex se sentó a un lado de Aleisha. Recostando su cuerpo con el de ella. Sintiendo en su espalda, las piernas largas y estiradas con las que estaba delirando. Eran suaves y hermosas. Aleisha tocaba el hombro de Alex. —Quiero…—Titubeo— quiero hacerte el amor. Pero no sé cómo. —Aprenderemos Príncipe. Aprenderemos. Suspiro, seguramente estaba enredado en pensamientos de confusión. —No te preocupes solo deja que tu cuerpo hable con su corazón. Aleisha lo tomo entre sus manos y le dio un beso apasionado. El abrió los ojos sorprendido, era el primer beso que le daba voluntariamente, aquel beso robado no contaba. Se quedaron viendo unos minutos embelesados en sus ojos, mirándose, analizándose. Pensándose. Hasta que rompieron el silencio.  Estaba caliente, también áspero, pero adictivo, también hermoso, se notaba que cargaban los sentimientos aprisionados, estaban completamente acalorados, pasaban su pasión con cada movimiento que su lengua hacia dentro de su boca, hasta rozar el paladar. Provocando un respingo involuntario. Mordiendo aquellos labios resecos y suaves, calientes que adornaban la carita de la bella Aleisha. Dulce eran las palabras adecuadas para describir aquel momento perecedero en el tiempo. El primer beso conllevaba al segundo y al tercero o al milésimo. El diablo que estaba contenido en su interior, pudo liberarse, ahora no daba lugar para el descanso, estaba enardecido completamente, hasta que no se acabara aquel fuego que sentía en el pecho no se iba a calmar, no lo iba a hacer. Entonces en un movimiento, se echó encima de la chica. Tomo su boca con el dedo pulgar, haciéndole una caricia excitante, y luego la volvió a besar, paulatinamente quitaba su boca, para respirar, y luego regresaba. Aleisha se acostó boca arriba en el sillón, dejando su cuerpo expuesto a Alex, que la estaba devorando. Esa lengua que pensaba que era ágil, la había decepcionado, no era ágil, era un veterano. Ella casi pierde el conocimiento. Sin darse cuenta dejo resbalar sus piernas hasta relajarlas completamente, entonces la abrió un poco. Con una mano, Alex acaricio los pechos de Aleisha, ella gimoteo cuando sintió las manos ásperas y duras haciendo círculos en sus pezones. Los pezones de Aleisha estaban duros. Se notaba que también estaba excitada. La respiración de Alex se agito un poco. Mientras mordía el cuello vampírico de la ninfa. Mientras la elevación de sus caderas la plasmaba entre sus manos, cual braille. Aleisha pasaba sus manos por entre los abdominales pocos definidos del muchacho, hasta llegar a un cumulo de pelo, dando una vista varonil. Mientras sentía en sus rodillas un enorme, duro, voluptuoso, y caliente m*****o, ella sufrió un resfrió caluroso, inundándola de ganas. Aun él estaba con ropa. —Alex tengo miedo… —Yo también. Pero al verte, se esfuma. Deja que tu miedo se esfume conmigo. Ella cerró los ojos. Rápidamente Alex se desvistió, quitándose la camisa, posteriormente el pantalón. Los lanzo con brusquedad a un lado, casi se quemaban con el fuego de la chimenea. Conectaron en otro beso. Conectándose en un abrazo. Luego él se dejó caer con suavidad en el sillón, justamente encima de ella. Mordió uno de sus pezones rígidos. Así ella se arqueo completamente llena de pasión. Nunca nadie le había hecho sentir tanta excitación salvaje, estaba a punto de llorar los sentimientos hacían un boom en su cabeza, hasta el punto de llevarla a un abismo lleno de lujuria amorosa. Chillo como una bestia de la selva, entonces se arqueo antes de un polvo inolvidable. Perdón De hacer el amor de una manera inolvidable. Aleisha estaba completamente roja. —Creo que estas más roja de lo normal Rosa… Ella se echó una carcajada. Imagino su primera vez, aunque tampoco se podía comparar, esto era definitivamente mucho mejor. Aleisha fue bajando las manos hasta ponerlas en la cintura, aunque la derecha la bajo un poco más y apretó los glúteos duros y esponjosos del hombre. Alex puso una cara de espanto. Ni siquiera Martha se atrevía a hacer eso. En lo absoluto. Alex la miro con asombro, poniendo una cara que le dio risa a la chica. Ella se acercó a su odio abriéndose por su cuello besando lentamente. —Yo también se cosas nene. Eso enardeció el espíritu de Alex hasta que no pudo contenerse más. Entonces la recostó con fuerza al sillón. Ella sintió como una gran cosita estaba en sus rodillas, era voluptuosa y caliente. Era potente. Como un misil. Alex beso su ombligo con parsimonia. Aleisha profundizo en un mundo adyacente e sus caricias. Pensó que no eran niños ni tampoco era su primera vez, mucho menos la primera vez de él.  Con un tono de picardía, subió su rodilla hasta el abdomen, dejando al descubierto su purpura. Alex al verlo como una bestia entro en celo. Metió una mano allí y empezó a darle placer. Aleisha gimió inmediatamente, y cerró los ojos estaba a un colapso, esas manos eran únicas. Los anteriores hombres no se comparaban con Alex, mucho menos cuando estaba tan por encima con esas caricias que la hacían viajar a las estrellas. La chica empezó a sentir el calor de su cuerpo, era algo bonito que se transmitía con cada gemido que liberaba Alex, aunque que fueran roncos y toscos. El chico no había parado ni un segundo, contemplaba aquellos pechos redondos con las manos sin darle descansos. Hasta que de nuevo se acercó a ellos y los beso haciendo círculos en con la boca. —Ves esto es hacer el amor. Luego se volvió a bajar hasta tomar prisioneros nuevamente a sus pechos erizados. La noche estaba cada vez más tormentosa cada rayo iluminaba cada cuerpo desnudo en el encontronazo entre ellos. Eran como dos serpientes apareándose. Alex trataba de contener aquellas ganas de poder comérsela a mordiscos, aunque tampoco prometía nada, ya estaban allí, tenían que entonces dar todo de ellos, para que fuera hacer el amor. Sino solo quedaría como sexo. —Aleisha recuerda esto.—Tomo su cabeza entre sus manos, hasta que pudo obtener aquello que quería. La atención completa de ella.—No es sexo, y la única cosa que lo diferencia es una sola cosa. Y es el corazón. Te amo, y eso hace que sea hacer el amor, porque quien ama y besa, es hacer el amor. Porque un simple beso es hacer el amor. Si amas inclusive si solo se toca es hacer el amor. —Lo sé. Por eso es que doy todo de mí. Yo también te amo. por eso te dejo que me hagas el amor por toda la cabaña. Inmediatamente ella beso apasionadamente al chico, tanto que no se pudo controlar. Ella estaba húmeda hasta no poder más. Alex se puso encima para que las cosas empezaran como debía ser. Aleisha aún estaba un poco confundida, pero sabía que estaba haciendo el amor. Porque nunca antes en su vida había llegado a sentir tantos sentimientos en su cabeza como los que sentía por Alex. Era una droga. Era el. Quien la sacaba de su sano juicio solo para pronunciarse como el rey de su corazon. Alex tomo las caderas de la chica con suavidad, abrió sus piernas para dar un poco más de espacio a sus piernas. Aleisha sufrió un respingo cuando él le toco sus piernas frías. También un chisporroteo dentro de su barriga, estaba confundida pero tampoco quería parar. Alex tomo aquellas consecuciones como una prueba de que estaba excitada hasta tal punto que no se podía controlar. Sus manos también daban prueba de ello. Las pasaba con rapidez por entre sus hombros hasta llegar al abdomen. Una sensación espectacular para él.  El bello masculino en el abdomen del muchacho era una vista espectacular y delicada de la masculinidad del chico. Aleisha estaba en un shock no podía creer que habían pasado tantos años desde que no hizo el amor de esa manera. Desde que alguien no la tenía con pasión y deseo, como lo hacía Alex, entonces eso la enardecía. —Voy… Rosa… te voy a llevar al cometa. Entonces Alex se tumbó encima de ella con fuerza empujándose contra su cuerpo. Hundiéndose completamente en aquella satisfacción. Ambos gimieron de placer. Alex veía los ojos llenos de placer de Aleisha, esos profundos ojos, que se estremecían como el abdomen de la muchacha. Cada vez que él iba se quedaba completamente saciada. Se arqueaba con aquellos sentimientos que subían y bajaban como sus caderas que se movían rápidamente para que nunca pararan. Ella hundió sus uñas en el hombro del muchacho, estaba completamente acalambrada Las cosas que estaba haciendo nunca las había experimentado alguna vez. Era una lluvia de estrellas. Bajo una tormenta. Alex siguió con rapidez y a su ritmo, mientras metía sus dientes al cuello de la chica. Dejando ver sus colmillos licántropos. Hasta probar la sangre deliciosa de la diosa. El embistió un par de veces más, hasta que se salió de ella. Solo dejando una parte adentro. Aleisha parecía que iba a llorar entre jadeos y gemidos. —Lo haremos juntos. Entonces entrelazo los dedos con los de Aleisha fuertemente. El asintió con la cabeza. Ella también, Le dio luz verde para ello. Enseguida embistió con algo de fuerza. Ambos se arquearon y regocijaron hasta un punto en que nadie podía llegar. Más tarde la felicidad salía de ellos. Agotados y sin aire. Tratando de recuperar sus fuerzas vitales. Descargando un orgasmo después de su clímax instantáneo. Yacieron por un descanso, estaban agotados, estaban encantados, habían vivido un cuento en algún libro. Alex se dejó caer encima de Aleisha aun jadeando. Ella contemplo sus cabellos. Descansando hasta que cerraron sus ojos, no para dormir, si no para sentir el calor de sus cuerpos completamente abrazados. Estaban en el olimpo. Del placer.   
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD