cap 15

3347 Words
—¿Entonces porque no lo intentamos? Sería una buena ir a la fiesta, podrías empezar a confiar en la gente… —No lo sé. —Vamos, te aseguro que  te vas a divertir. Asegurar era una afirmación muy osada, no podía asegurarlo completamente, no estaba tan segura de que lo disfrutaría. Ademes al escuchar que era en la casa de Martha, sintió una puntada de celos enfermizos, Alex y esa mujer en una fiesta, nada iba a terminar bien, suponiendo que terminara… —Te llevare en la moto. Trato de convencerla. —No es por eso, sería más bien… —Tranquila. Él la tomo de las manos, el chico se acercó con un susurro, y su respiración chocaba con el cuello de Aleisha. Su calor incorpóreo era algo lindo. Alex puso una voz honesta. —¿Qué posibilidades hay, de que podamos divertirnos? recuerda que es con Martha con la que vas a estar, ¿no te llevas mal con ella? —Si es verdad, no me llevo con ella en lo absoluto, pero tampoco voy a desperdiciar una oferta, para hacerte cambiar, y que mejor que una fiesta, alejado de la ciudad para que empieces a creer y a confiar. Alex tomo las manos de Aleisha envolviéndolas en las suyas, ella miro a sus ojos brillosos, estaba hablando con la verdad, lo sentía. —No lo sé. Alex suspiro hondo. Su tono de voz se tornaba, a un reproche pero era algo más suave, no como un regaño ni un rugido, si no como un consejo… —Ya sabes que te quiero… Ayudar. Y también estoy dispuesto a hacerlo. No me voy a rendir, ya lo entiendes, déjame ayudarte. ¡Déjame! Los ojos del muchacho tenían algunas lágrimas en los ojos, aunque no las derramaban, estaba aguantando, todo, la ignorancia, el miedo, todo lo estaba sintiendo con ella.   Seguramente estaba ayudando más de lo que debía, más de lo que tenía que hacer, pero no entendía bien cómo es que ya había llegado a ese punto, ya no podía regresar a otras, —¿Porque te empeñas tanto en ayudar? Alex estaba perdiendo, la cordura, ya estaba harto que la chica le pusiera contra tiempo para todo. —> ¿es lo único que sabes decir? Pareces una niña, ¿Por qué esto? ¿Por qué aquello? ¿Por qué el cielo es azul? Mi rosa… soy muy responsable, entonces que con esto siento, que no confías nada en mí. —Luego reflexiono, se estaba agitando, la pregunta de Aleisha, era más como una necesidad no como una pregunta, se reincorporó a su actitud normal— Te quiero ayudar mi rosa, te quiero bien, quiero que sonrías, porque más. Las palabras de Alex llegaron a su corazón, se le había hecho un nudo en la garganta, Apenas podía hablar. Era lo único que alguien había hecho con tanto fervor para ella. Era el único que se sacrificaba así por ella. Quería entregársele allí mismo, que la hiciera suya, que la amara de color purpura, que no dejaran de calentarse hasta el otro día, que hiciera una fiesta pero en su boca, causándole un orgasmo. Recorriéndola de los pechos hasta los muslos, y tener esa lengua que recitaba poesía con superioridad pegada a su cuerpo, dándole placer interminable. Apenas pudo desatarse el nudo de su garganta para poder variar. Estaba completamente muda, quería hablar, y apenas unas palabras se pudieron escapar. —Entonces vamos. Iremos, pero te advierto que vas conmigo, no quiero que ni siquiera mires a la tal Martha esa.  Alex sonrío con parsimonia. —¿Celos? —En lo absoluto. Ella sonrío. —Ves mi pequeña rosa, que si me das una oportunidad, te voy a cuidar y además divertir. —Lo se mi príncipe… pero no me gusta que alguien me diga que hacer, soy libre, en primer lugar. —Es una fiesta, seguro que nos vamos a divertir. Alex estaba tan feliz que su sonrisa no podía ser más grande, no podía acercarse más a él, el deseo no la controlaba, caía siempre con las manos agiles del hombre. —Espero que sea así. Alex gruño. —Claro que si, además yo me voy a asegurar de eso. Posiblemente estaba embelesado en la bella cara de la chica, en su silueta delgada y delicada, una piel muy bien cuidada, una persona que estaba siempre bañada con dulces aromas, poco a poco perdía la cordura, tenía necesidad de esos labios completamente avasallantes, no lo soportaba más, quería besarla y hacerla suya allí mismo, en las sabanas, en la alfombra, conectado por sus piernas al piso frio, pero estaba conteniéndose lo que más podía, pero no le garantizaba que la bestia de adentro saliera para tomarla entre sus labios. Tenía que alejarse ya, o perdería el control. Bastaba con una palabra de la chica. —Entonces te vendré a buscar mañana. Ella afirmo con la cabeza. —Te esperare Mi principito… Alex echo una carcajada. Espero que te prepares para la mejor noche de tu vida, mañana sabrás lo que es salir con alguien que de verdad te quiere. Una cita de en sueño. —Hasta mañana mi rosa… —Hasta mañana Alex… Antes de irse, le acaricio una mejilla, quitando el frio del rostro. La chica cerro los ojos contemplando aquella bella caricia. Alex siguió hasta su casa, estaba completamente decidido en ir a prepararse para la fiesta, preparar la moto para el viaje y todo lo demás adyacentemente. Poco a poco la noche quedo atrás. Aleisha pensaba en Alex y viceversa, Alex golpeo su cama, faltaba algo, era nada más que ella. la chica rubia acompañándolo, dándole calor. Por eso miraba a la luna, queriendo que ella también lo estuviera haciendo, conectando su alma en un detalla. Moribundo por amor. Quería follarla, hacerle el amor, quería más de ella, quería ese calor al que estaba expuesto cuando la abrazarla quería su lengua, haciendo círculos con la suya. La quería completamente. Muy en la mañana preparo la moto, y una pequeña maleta donde llevaba algunos abrigos…     * Esa noche hacia frio, era la primera vez que la pareja iban a la casa de campo de Martha, el frio estaba abarrotando el ambiente, ella echo un tronco a la pequeña chimenea, se besaron intensamente, hasta que entraron en calor, Martha sentía el duro cuerpo de Alex, mientras que acariciaba sus abdominales con parsimonia, llegando a un pequeño brote de bello en la barriga, pelo ondulado y masculino, donde se podía contemplar perfectamente, como antes era solo un bellito pequeño, entonces siguió acariciando, hasta que la voluptuosidad apareció. Una aparente erección salió de la entre pierna del muchacho. Ella bajo las manos hasta la entre pierna, y lo sostuvo con sus manos, Alex besaba intensamente el abdomen de la chica, mientras que acariciaba sus pechos, hundiéndolos y explorándolos en sus manos cálidas. Ella soltó un gemido cuando estaba al borde. Gimió un poco por el movimiento de las manos cálidas y agiles de la muchacha, también estaba muy excitado. Siguió explorando su cuerpo, hasta que llego a su espalda y la empezó a besar por detrás. Falto poco más de dos minutos, para que ambos estuvieran al máximo, su cuerpo se arqueaba de placer. Sin más dilaciones, entonces él tuvo que contenerse, estaba a punto de hacer alguna locura, pero resistiendo, aguanto. Ella abrió las piernas, dejando visible su sexo, una clara invitación. Entonces con cuidado y varias caricias, Alex entro en ella, con fuerza y delicadeza. Ambos gimieron. Hasta que quedaron rendidos a la luz, de la fuego. Caliente fuego que contemplaba en la chimenea. Yacían tumbados, acariciándose, queriendo volver a hacer el amor, tantas veces como sus cuerpos pudieran. Se tenían y se querían para más de una vez. —Te quiero—Dejo salir de su boca. Martha estaba completamente en silencio. —Yo también… no quiero follarte, te hare el amor, en todas partes. Te hare el amor, hasta que no me pueda mover. *   Recordó, aquellos momentos, Alex, se sentó un momento a tomar aire, aun le dañaba, el recuerdo de Martha estaba en si mente aferrado completamente a la tez de la chica, pero recordó a Aleisha, no iba a caer, tenía que superarse, por él, y por su rosa… quien la defendería después, solo tiene cuatro espinas para defenderse del mundo. Tenía que soportarlo, aunque ver la casa en donde hicieron en amor tantas veces, debía partirlo un poco, tenía algunos sentimientos escondidos en el pecho, estaba completamente convencido que tal vez era una mala idea ir, pero tampoco se retractaba, tenía que ir con Aleisha, era por ella, Y también por él. Alex gruño y se jalo el pelo de la cabeza. Haciéndose daño. —Diablos. Dijo en su solitaria casa. —Cálmate.—Se volvió a reintegrar. Entonces fue al baño y se echó algo de agua en la cara. poco después bajo al garaje y prendió la moto. Inevitablemente las cosas entre ellos estaban tan ligadas, que no pudo evitar ver la cara de asco que tenía Alex, como una mirada, pensativa, esta fuera del mundo, estaba recordando cosas, Aleisha se dio cuenta tan solo con verlo, porque también había estado en esa faceta. —¿Te pasa algo Algo?—Pregunto con su voz dulce a Alex. —No.—Respondió con un gruñido.—No es nada, vamos, el camino es largo debemos llegar temprano, si no el frio nos va a matar. Ella inmediatamente le acaricio la espalda, regreso a cerrar la puerta de su casa, con doble pasador y el seguro, asegurándose de que estaría bien por esa noche, entonces se montó en la pequeña motoneta. —Vamos príncipe Azul. Le susurró al oído. Con algo de malicia. Mientras que una necesidad de deseo entraba  en su cuerpo, tanto que hizo arder en su pecho incontrolablemente. Los pechos de  Aleisha estaban pegados a su espalda, completamente rígida. Entonces pudo rumbo a la casita de campo. El clima era favorable, estaba completamente un día maravilloso para tener una cita, para estar completamente acaramelados como una pareja de niñatos. Alex condujo a alta velocidad, lo que más se podía llegar en una motoneta, entonces al cabo de una hora, salieron de la ciudad, para entrar en una carretera de las afueras. El ambiente era más calmado, las casas estaban repartidas, por las vastas planicies, dejaban atrás la ciudad, ahora el viento estaba más cálido, fresco, los árboles se abrían paso a su avance. Condujo con agilidad, hasta llegar a una casa, parecida a una mansión a las afueras. —Llegamos mi rosa… Ambos se bajaron de la motoneta con parsimonia, la tierra era húmeda y además un clima nublado, supuso que descargaban muchas tormentas, Aleisha miro y contemplo la lejanía de la ciudad, estaba completamente muy lejos, apenas una pequeña mota de urbanización a la distancia, parecía ser los grandes edificios, además contemplo el silencio que había. Era completamente placentero. Aleisha también quiso dar un grito, a ver quién respondía, entonces se contuvo, porque Alex pensaría que estaba completamente loca de remate. Alex camino a la casa, en la entrada había un portón de hierro forjado, entonces llamo a la puerta con unos fuertes alaridos, pero nadie salió. Entonces pensó que tal vez había llegado muy temprano. Maldijo bajito para que ella no lo escuchara. Entonces se regresó a la moto, espero un momento. Aleisha pensaba que era mala idea estar aquí, en sí, había costado para llegar hasta la locación, así que tal vez era una idea del destino, tenían que regresar para que algo malo no pasara. Era su ex, y lo estaba invitando a una fiesta, nada bueno podía resultar de esa fiesta. Nada bueno. —Parece que no está… —Pues entonces regresemos. —No… tan siquiera no ahora, tenemos que esperar un poco más, vamos a otro lugar. Encendió la moto. —Súbete. Aleisha hizo caso y se aferró de los hombros, del chico. —¿Entonces a dónde vamos? —Ya lo veras. Su voz se tornaba entre, intrigante y confiada, parecía que le iba a mostrar algo importante, algo que no estaba en los planes de la fiesta. Alex condujo un poco hasta llegar a la casita, en donde siempre la pasaba con Martha, una cabaña, bonita, que estaba en el medio de un largo valle. —¡Es linda!—Parecía sorprendida. —Si esta casa…—Se detuvo—. Nada. Solo entremos. Aleisha escucho ese tono de voz indeciso nuevamente estaba algo confundida. —Entonces tienes las llaves. —No para nada. —Alex, vamos a entrar a una casa ajena, y si el dueño sale a reclamarnos. —No te aseguro que la dueña de esa casa, no se molestaría en sacarme de allí, y además dejan las llaves en la macetilla en forma de… aparato reproductivo. Aleisha se echó una carcajada, que hizo eco en la basta planicie, ella se sonrojo al ver el escándalo que formaba. Subieron rápidamente a la casa, estaba completamente cerrada, y bien cuidada, un pasillo los dividía de la entrada. Para variar estaban en la mitad del juego de muebles caros dejados a la intemperie en la afueras de la estructura. Quien podía cometer semejante pecado. Aleisha pensó que era una mala idea entrar, aunque fuera conocido de la dueña, que no sabía quién era, le incomodaba estar allí. Alex acertó con lo de la maseta, una forma de m*****o masculino, estaba en una macetilla, era un cactus demasiado extraño, pero le causaba risa. Él se agacho para luego recoger las llaves. Estaban allí, como él lo había dicho. —No cambias nada—Mascullo Alex. —Entremos, adentro debe haber vino. Entraron a la casa con rapidez. Adentro era completamente lindo, las ventanas eran pequeñas, la sala espaciosa una hermosa chimenea gigantesca en la sala, plantada en medio de toda la casa, encima tenía un televisor de cincuenta pulgadas, además estaba colgado a los ladrillos perfectamente pintados de un color mate. Los muebles estaban alrededor de la chimenea y la cocina apartada para atrás de los muebles, a la izquierda, los cuartos estaban en la segunda planta seguramente. —Siéntate. Pasaremos aquí un rato. —¿Seguro? —Cree en mí, te aseguro que nadie vendrá, solo unos pocos saben de esta casa. —Unos pocos, ¿Quién más sabe? —Solo la dueña y yo… nadie más. Alex se estaba guardando algo, no estaba diciendo todo, estaba omitiendo algo, una parte de la historia con la propietaria de la casa, curiosamente estaba cerca de la casa de Martha. —¿Esta casa es de Martha? —Para que te mentiría, sí. Lo es. —Joder, y me traes a la casa de tu ex. —No es de ella en su totalidad… —Eres bipolar. Me dices que sí, pero que no. —Cálmate pequeña rosa… no te enfades. En teoría la mitad de la casa es mía y al mitad de ella. Se sentía vacilada, Aleisha estaba enfadada, la única persona que no se estaba burlando de ella, era Alex, y cuando pensaba que no lo hacía, la traía a la casa de su ex, media casa de su ex. —¿Me estas vacilando? ¿Te estas burlando de mí? ¿En serio creías que me iba a tragar el cuento de que esta casa solo era de una amiga? Alex vio cómo su tono de voz cambiaba a furia. —No te estoy mintiendo, te estoy hablando con la verdad… además la casa en teoría es medio mía. Claro tampoco le podía quitar que la mitad de la cabaña era de Alex, pero entonces solo se estaba burlando de ella, estaba llevándola a un cabaña alejada solo para que echaran un polvo en la media casa suya. Como se podía ser tan irresponsable e infantil. Como el que lo creía diferente era igual que el resto de los hombres, entonces aquellos pensamientos volvieron a su cabeza. > > o No. También tenía que tener una valentía para decir la verdad, no le estaba mintiendo, claro estaba que la había traído a la casa de su ex, pero tampoco era del todo suya, y tanto como la chica Martha como el, tenían derecho a todo lo que estaba adentro, además si sabía de la existencia de las llaves en la meseta que parecía un m*****o, entonces era porque venía frecuentemente. —¿Vienes mucho acá? Alex vio que estaba más calmada, que antes, mejoría, su síndrome de desconfianza estaba bajando. —Una vez a la semana, para limpiar la casa, solo para eso, luego me voy a la ciudad. Nunca pensé que le iba  a  enseñar estas paredes adosadas a nadie, entonces tu eres la primera, y solo porque confió en ti. Porque quiero que veas, lo que sufrí, la soledad el frio, la rabia la decepción… todo por estas cuatro paredes, son cánones que siempre me atan al pasado. Esas palabras anudaron la garganta de la chica, no la traía para que tuvieran sexo. La estaba trayendo para que viera como era la vida antes de conocerla, le estaba dando el pasado, en sus manos, como un obsequio, le estaba regalando la historia de su pasión. Cuando sentía pasión incomparable, como la que estaba sintiendo por ella. —El frio aquí es insoportable. No me creas nada si no quieres, pero te aseguro que tampoco se lo deseo a nadie. Ella vio como estaba hablando, el talante en sus palabras y aquel aire de melancolía con nostalgia que se veía entre sus ojos, era nada más un paisaje bello y doloroso. —Te creo… te creo mi príncipe. Alex sufrió un pequeño chisporroteo en la barriga, el tono de Aleisha había cambiado completamente, ahora lo estaba tratando con ternura. La cara de la chica estaba blanca y pálida, parecía una ninfa de los cuentos de hadas, estaba completamente hermosa, tanto que él no podía escapar de sus encantos, lo estaba volviendo loco, curiosamente en las mismas paredes que antes, le habían ocasionado tanto dolor, ahora estaba en su corazón una batalla para volver a sentir amor. —Está bien mi rosa… solo siéntate, hay un televisor gigantes donde puedes ver alguna película, Ella asintió con la cabeza, estaba emocionado ese televisor gigante debería ser una monstruosidad para poder ver una película de terror. Se santo en el mueble justamente el que estaba al frente del gigante televisor, era una pantalla gigantesca. También tenía algunas cornetas encima de él, un equipo de sonido increíble. Alex estaba completamente inmerso en hacer alguna comida, si es que quedaba de la última vez que vino, posiblemente no quedara nada, reviso la alacena, no había nada soltó un regido. —¿Que pasa príncipe…? —Nada quédate allí, iré a comprar comida, no hay nada. Entonces Alex salió sin decir adiós, por la puerta de atrás, busco la moto y compro algo en una remota tienda que estaba algo lejos. Compro lo necesario para una cena romántica. Volvió a la casa, antes de entrar vio a Aleisha riendo fervientemente por alguna comedia que estaban pasando en la televisión. Entonces la vio atentamente, era bella, se veía tan hermosa con una bella sonrisa esbozaba, los cabellos rubios caían hasta sus hombres donde se convertían en su espalda, suspiro con algo de pena, tal vez nunca, pero tenía que intentarlo, cuando un reloj en su mente sonó, tampoco tenía tiempo para esperarla, se iba a ir en algunos meses, pero… que sería de ella si recuperaba la confianza, si volvía  a confiar tan siquiera en él. Entonces tendría que descubrirlo, tendría que ver qué pasaba, era una prueba que tenía que completar antes de que se acabara el tiempo. Alex quería verla sonreír tanto como lo estaba haciendo ahora mismo.  
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