Aleisha estaba quedando completamente dormida, pero aun pensaba en porque dejaba que el chico se queda en la casa, hasta a dormir, si otro comúnmente lo hubiera sacado de sus aposentos, hasta el punto en volverlo a despachar con aquella tormenta. Pero también tenía que admitir que la tormenta estaba fuerte, y le daba algo de pena dejar al pobre Alex, que le había traído pastel sin una casa, en donde pasar la noche, aunque la suya estuviera también a solo dos calles.
> pensó ella mientras veía el techo.> volvió a pensar.
Sonrió y quedo completamente dormida en la cama.
Al rato como a las dos horas de haber dormido, una larga siesta, escucho como algunas cosas en la cocina se movían. Como se estaban moviendo, se escuchaba como si estuvieran buscando algo. > Se despertó del sueño en donde estaba, pero recordó que antes, le había dicho a Alex que se quedara. Entonces se puso sus pantuflas con figuras de Monster Inc. Y camino despacio para ver que estaba haciendo el mocito.
Desde su cuarto se podía ver cuidadosamente a la cocina.
Ella giro la perilla de la puerta en silencio y abrió una rendija pequeñita en la que apenas cabía un ojo de la muchacha.
Vio detenidamente lo que hacía.
Estaba buscando en la gaveta donde estaban los cuchillos. > pensó. > el chico agarro el cuchillo más grande de todos, el carnicero, poco a poco se fue procurando en sacarle más filo. Comprobó su filo con un de sus dedos. Luego se fue al refrigerador, estaba claro que era alguna de comida lo que quería obtener. Claro le había pegado algo de hambre, y a ella también le estaba pegando el hambre. Alex completamente entretenido en los cuchillos busco un trozo de carne, mientras que reviso para el pasillo. Ella trato de que no la viera, entonces el regreso a hacer en complicidad aquella comida.
De la nevera saco carne. Unos tomates y cebollas. De la despensas algunos condimentos y de debajo del lava platos una tabla para cortar. Empezó a cortar todo, estaba completamente decidido a cortar los pedacitos en lo más pequeño que pudiera. Lo más pequeñitos que nunca en su vida había visto, entonces el chico busco una hoya y metió todo, con algo de aceite a sofreír. Estaba completamente entretenido, hasta movía el culo en un bailecillo que a Aleisha le provoco risa.
Poco a poco después fue fileteando la carne, sacándola en pedazos y tajos firmes y blandos, poco después también le introdujo algo de pimienta y saco un sartén, empezó a echar más aceite en el sartén, cuando estaba lo suficientemente caliente metió la carne, la frito hasta que quedara marinada. Entonces más tarde saco pasta de la alacena poco después también le echo sal, y lo puso a cocinar. Era un excelente cocinero, nada se le quemo.
Aleisha admirada dejo de espiarlo y Salió para comprobar que estaba haciendo la cena, una cosa que en esa casa nunca había hecho. Pues también dedicaba a comer en la calle, o solo alguna pizza que pidiera en un restaurante.
Poco a poco camino por el pasillo mientras que su espalda desnuda le daba la bienvenida a la cocina, disfrutando aquella gama variada de olores. De mechones, de cualquier cosa que no fuera lo común en esa casa, hasta el humo por la chimenea le parecía extraño.
—¿Qué haces?
—Hola, Ya despertaste.
—No tienes que hacer la cena.
—Creo que sí, porque vamos a pasar aquí hasta mañana.
—¿No ha calmado la tormenta?
—Para nada.
Aleisha se asomó a la ventana y la tormenta estaba completamente igual.
—No tienes que hacer nada. Eres el invitado.
—Eso no me dice porque no puedo hacerte la cena.
La chica que un poco enfatizada, estaba claro que no habían hecho la cena de ella, por lo menos desde la infancia, era mas no sabía que era esperar a que alguien más cocinara de ella.
—Pero no prometo nada, es lo único que aprendí a cocinar espero que te guste vecina.
Una sonrisa leve se esbozó en la cara del chico.
Aleisha en poco se quedó viendo aquella espalda morena que debía estar más sólida que una columna de concreto armado.
Poco después se sentó en un sillón a esperar por primera vez en su vida que la comida estuviera.
Estaba completamente conmovida, esta estresada, no sabía lo que estaba, porque el chico era así con ella. El sentía amor por su persona, pero aun sabía que era la más criticada del barrio.
Aquella que salo con un hombre y con otro, aunque a ella nunca le intereso lo que decían los demás, pero su mirada sumisa clavada en la espalda fuerte del muchacho, indicaba que sentía algo, era como una cuerda que amarraba su pecho y ataba su corazón era un calor que la chimenea no le daba y que sus manos tampoco podían esparcir por su cuerpo.
¿Porque estaba haciendo eso?
¿Solo estaba siendo amable?
No para nada, la mano izquierda estaba completamente cortada, estaba inutilizable, pero aun así, el sin ninguna queja estaba completamente usándola para hacerle comida. Era un bonito detalle. Algo que nadie se había molestado en hacerlo durante años, ni aquellos que podían decirse ser los más atentos.
Por un momento pensó que si no lo hubiera pillado haciendo tanto ruido, seguramente le hubiera llegado a la cama con la comida en una bandeja, exactamente como en las películas de romance. Por eso sus orejas se pusieron rojas.
Tuvo que salir disparada al baño para bajarse la temperatura, estaba entrando en celo, completamente mojada por el galán de su vecino.
Sin que él se diera cuenta se dio un largo baño tanto que tardo al menos diez minutos debajo del agua fría, para que sus orejas volvieran a su color natural. Comprobó si su tez estaba sonrojada, pero ya estaba normal, ahora su cara estaba pálida.
Entonces posiblemente vio que la chica faltaba en la sala, pero para cuando llego de nuevo Aleisha a su cocina, el hombre estaba poniendo los platos, estaba centrado en cada cosa, como un sirviente pero más elegante y sexy.
—Vaya eres demasiado atento.
—Si algo. Comamos.
—Claro.
Un poco más calmada ella se incorporó a la comida.
—Hice esto para ti.
La mano suturada del chico no le permitía moverse mucho, pero con la otra paso una tacita.
—Tortitas.
—Si de plátano.
La chica se sorprendido tanto, que quiso llorar. Como encontraba sus gustos, tenía telepatía, porque pensaba que las cosas estaban siendo adivinadas de par en par.
—¿Porque lo hiciste?
—Ya te lo dije ¿Por qué no?
—No es una respuesta.
—Solo disfruta.
—¿Te fue difícil cocinar con esa mano?
—Para nada.
No sabía si era una forma de decir que tal vez fue la más infernal que paso por su vida, pero la sonrisa del caballero sí que la dejaba paralizada.
—Eres un loco.
El chico se echó a reír. Ella también rio.
Alex estaba cada vez más impresionado por aquella princesa invernal que tenía en frente, la chica se había bañado y dejaba destellar aquel olor a fresas frescas que lo hacían poner loco, saltaba a la vista que tenía que besarla, estaba perdiendo el control, pero es que había tanta tentación delante de ella, que no se podía contener, su animal interno rugía, se apoderaba de él, lo estrujaba hasta agarrar a la chica y hacerla suya de mil maneras.
La chica a la luz de los focos en el techo, se veía comparada con una bella damisela en peligro, enrollada en aquella sabía para abrigarse algo, estaba haciendo demasiado frio. Pero aun así tenía las piernas largas y delgadas descubiertas, dejando ver una bonita vista de su cuerpo.
—Ninguno de tus novios había hecho algo así por ti.
—No.
—¿Entonces que hicieron?
—Solo sexo.
El chico trago saliva.
—Lo siento.
—No la culpable fui yo, por no tenerme respeto a mí misma. Pero voy entendiendo las cosas.
Enseguida el no pudo resistir, mas, se lazo de la silla y en dos zancadas largas se puso enfrente de la mujer, la miro a los ojos fijamente, ella pensaba que la iba a besar, y empezó a tensar el cuerpo, Alex la abrazo calurosamente.
—Te mereces a alguien mejor.
Aleisha estaba procesando la información en su cerebro, pero lo estaba haciendo lentamente, el chico la había abrazado, no besado como los otros. Está bien, era una posibilidad, él no era como todos los hombres.
—Sé que algún día encontraras a alguien mejor.
>pensó mientras hablaba.
—Sí.
Aleisha estaba intentado llorar, pero con el calor del cuerpo semidesnudo de aquel hombre, le había encendido el deseo otra vez. Pero tenía que controlarse, porque si liberaba sus instintos seguramente estaría expuesta a que el, la viera como una mujerzuela, como el barrio le decía, pero no quería que se llevara una mala imagen de sí misma, menos cuando se estaba arrastrando por el suelo con su pasado tembloroso. Aprovecho para pasar sus manos por la espalda de Alex, y confirmo lo que pensaba. Era como una estatua griega.
El chico se separó de ella, > pensó Aleisha. Y entonces volvió a su silla.
—Ahora si comamos.
Y de grandes bocados disfrutaba la comida.
—¿Como esta?—Pregunto Alex.
—¡Deliciosa!
Le faltaba sal y no estaba tan marinada, pero para ser lo primero que alguien le prepara a ella con esfuerzo y cariño, no iba a decir que estaba malo. Comió con ánimo y fervor mientras miraba al chico con agradecimiento.
Perdida en su sonrisa volvió incorporarse en la comida.
Más tarde el chico se acostó sobre el sillón
—¿Que juguemos parchís?
—Sí.
Afirmo con desdén, apoyando las manos encima del sillón
—Bueno por solo un par de partidas.
Era la oportunidad perfecta para conocer más a profundidad la vida de Aleisha.
Entonces la rubia con algo de ánimo en su cuerpo fue a buscar el tablero.
La rubia regreso con ánimos nuevos, puso el tablero sobre una mesilla en la que estaba dispuesta a jugar hasta su dignidad, cosa que no iba a hacer. Pero estaba dispuesta a todo por una partida de ludo. En realidad le gustaba mucho jugar eso después de que salía de las clases cuando estaba en la secundaria, pero desde que se cambió de ciudad nunca pudo experimentar lo que era una vivida jugada de Parchís tradicional, y que mejor ocasión que con su vecino Alex, atrapados en una tormenta de vientos huracanados.
Alex empezó en juego tirando los dados.
—Te gusta mucho jugar parchís por lo que veo
—Me encanta.
Ella rio con dulzura, mientras que las preguntas se siguieron intercambiando como las balas en una guerra.
—¿No tienes alguna amiga que venga?
—Casi no lo hace. Por eso vivo sola con Neko. Mi gata.
La gata que estaba tumbada en el sillón ronroneo.
—¿Porque no te has mudado?
—Prefiero vivir en la soledad.
—No es bueno estar recluido.
—No lo hago, salgo bebo, ayudo a mi tía.
Tuche, había dado en el clavo, se estaba abriendo más. Si conseguía que la chica ganara un poco más de confianza, tendría una oportunidad.
—¿Tienes a una tía en la ciudad?
—Afirmativo. Se llama Helena. Pero solo voy a ayudarle los jueves y los sábados a su establecimiento.
—¿Entonces trabajas allí?
—Algo así.
Ella tomo el dado y saco un seis, movió sus fichas y derrumbo a una de las de Alex, este pareció lanzar un gruñido, pero acto seguido se arrepintió y la miro con algo de enojo.
—¿Te llevas bien con tu tía?
—Lo normal.
El chico vio como estaba completamente enamorado por la chica, era linda y la forma en que se sentaba le hacía perder completamente el control. Estaba siendo esclavo de su tez aquella piel tan blanca que ansiaba poder tocar, poder besar. Acariciarla en un sinfín de veces, terminando y volviendo a empezar. Había roto la cordura de su cabeza, por culpa de una escultural y bella chica. Esbozaba una sonrisa que se convertía en un deseo ferviente de comerla a mordisco, empezando por su suave cuello.
—Te toca mover.—Dijo ella.
—Voy.
Entonces siguieron jugando por un rato, hasta que se cansó.
Ahora la chica se recostó sobre uno de sus muebles, estirando los brazos por encima de su cabeza.
—Hace tiempo que no jugaba.
—Se ve.
La tormenta seguía a flor de pie. Alex abrió un poco la cortina, las aguas no tenían intención de parar.
—Creo que tenemos un problema veci…
—¿Qué?—Ella frunció el ceño.
—Creo que si la tormenta no rebaja tendré que quedarme a dormir.
—Entonces preparare la cobija para que duermas.
Ella esbozo una sonrisa impresionante, estaba dispuesta a hacer lo que fuera para que él, no se fuera, estaba siendo muy propenso el tiempo que la estaban pasando bien. Así que sin pensarlo ella busco una cobija y la puso en el mueble.
Ella busco su Tablet rápidamente, el chico se estaba acomodando, ella llego por detrás del sillón y se acomodó también, mientras que pensaban en como pasar la noche divirtiéndose.
—¿sabes que me gusta hacer las noches lluviosas más que ninguna otra noche?—Rápidamente Negó con la cabeza— ver películas de terror, y como antes no podía verlas, gracias a que si lo hacía pasaría toda la noche temiendo a que alguno de los personajes de la película salieran detrás de mí a asesinarme, me lo guardaba para cuando llegara mi amiga. Pero ahora que estas tu… poder ver todas las que quiera.
—Entonces era una miedosa.
—Claro que no.—Protesto— no soy ninguna miedosa, solo es que prefiero precaver algunas cosas, entre ellas ver películas cuando solo cuento con la presencia de mi Neko en casa.
—Así que voy a hacer algo así como el chivo expiatorio de tus películas.
—Para nada, piensa que es un honor estar conmigo aquí viendo películas.
>Pensó Alex.
—Está bien—Suspiro resignado— pon algunas, pero solo algunas cuando tenga sueño solo cerrare los ojos para empezar a dormir.
La chica puso una película en la Tablet, pero antes se levantó del sillón y apago la luz.
—Así es mejor.
Rápidamente volvió a estar en el sillón y lanzo las mantas sobre los dos. Alex estaba completamente hirviendo de calor. Mientras que su cerebro se desbocaba ante la personalidad de la chica. ¿Quién diría que iba a ser de tal modo?
—Siempre que veo películas de terror, pero lo único que no me gusta era el final. Pero tengo muchas en el disco.
—¿Eres algún tipo de masoquista?
—No.
—Entonces ¿Porque tienes películas de terror si te asustan tanto?
—Solo para divertirme ya sabes. Es que me gusta el género, pero no me gusta que me dé tanto miedo, es que es una combinación, vamos no me hagas debatir por qué no me gusta y porque sí.
Apiadándose de la chica inmediatamente corto la conversa y se recostó a en el mueble, esperando que la aludida pusiera la película que tanto deseaba ver. el miro a la ventana, parecía que la tormenta se estaba calmando un poco, pero tampoco se iba a molestar en verificarlo, se quedó con su rubia en el sillón viendo algunas películas hasta que ambos quedaron dormidos en el sillón.
En la madrugada el Neko despertó a Alex arañándolo en los pies, con una patada se liberó del gato, mientras que el no volvía a contraponérsele, pero despertó, entonces vio la cabellera de la chica pegada en su pecho, ella estaba acostada encima suyo. Sus labios estaban completamente carnosos, estaba completamente lindos, jugosos ¿a qué sabían? Era una de las preguntas que paso por su mente en ese mismo instante.
Sin más remedio, le robo un beso.
Ella intento despertar, pero él se hizo el dormido, con una sonrisa volvió a dormirse disfrutando aquel panorama en el que la vida le sonrió de tal manera que no pensaba en gozar tanto un mismo día. Cerró los ojos lentamente para despedirse de la tormenta y empezar un día soleado, como el pelo de la rubia.
Sin saber nada del beso que aquel Robín Hood le había robado en la madrugada, Aleisha despertó con prisa, tenía que hacer algunos deberes. Vio su cuerpo recostado en el duro pecho del hombre y se sintió un poco incomoda, pero el parecía tan profundo que ignoro las imaginaciones y se puso a trabajar como debía. Se levantó del sillón y se fue a bañar. Luego cuando estaba en la cocina nuevamente vio despertarse a su vecino.
—Vaya ya despertaste, es bastante bueno, porque voy a Salir de casa, la tormenta ya termino.
El miro por la ventana era cierto la tormenta había terminado.
—Gracias. Por dejarme quedar aquí.
—De nada. Veci…
El juego de palabras le causo una sensación excitante al joven.
—Pienso que podríamos seguir viendo películas, cuando tú puedas. Me gustaron algunas de las que pusiste ayer.
—¿Cuál?
—Para serte sincero no recuerdo nombres.
—Entonces tendrás que mirarlas nuevamente.
—Si. ¿saldrás?
La pregunta estuvo en la cabeza de la chica unos minutos antes de responder.
—Comprare unas cosas.
—Si tuviera moto, te llevaría. Pero como no la he comprado. Tendrás que ir en un taxi.
—¡Ja! Esperare a que compres la moto Veci…
La enfatización en la palabra > hacia que cada vez más el chico subiera una dosis de testosterona pudiendo sacar el macho alfa que llevaba adentro. Sabía que si seguía así, la iba a morder en el cuello, arrancarle la camisa y besarle los pechos hasta hacerla suya.
Ahora irse era lo mejor para los dos.
Guardaban su seguridad.
—Vecina vendré esta noche. ¿Estarás?
—Hoy es… Miércoles—Recordó— está bien ven. Jugaremos parchís.
El afirmo con la cabeza.
Comprobó que la camisa estaba en donde la había dejado, y estaba allí un poco más seca que la noche anterior. Se la puso aun con las axilas húmedas. Y se despido de la chica.
—Hasta la tarde. Vecina.
—Adiós veci…
Inconforme con aquel momento a media noche en el que beso los labios de la chica, robando un segundo de su vida. Quería más. Alex quería más de esa enamoradora mirada con los ojos café de la chica. O aquella melena tan bien cuidada que olía a fresas, era un rayito de sol. Aunque no solo porque era una rubia descontrolada. Sino también por su actitud casta, parecía una virgen aunque no lo fuera.
Llego poco a poco a su casa, entonces se desvistió y se fue a dar un baño, se recostó en la cama y pensando en ella durmió otro rato largo.
Aleisha fue al centro de la ciudad donde estaba esperando a un hombre, con el que había quedado un par de días atrás. Aunque ella se había jurado que no vería más hombres porque solo pensaban en sexo y ninguno le proporcionaba más que un polvo, esta vez tenía que hacerlo por algo de dinero. Necesitaba llenar su casa de comida. Y aun no encontraba algo de trabajo decente. Aunque ella no fuera una prostituta. Pero prestaba ciertos servicios. La mala vida se había apoderado de ella. Pensando en que si volvía a tener tan bajos recurso de no llegar a mantenerse, volvería a la granja con su padre.
Poniendo los ovarios.
Iba a buscar su comida, era como cualquier otro trabajo de la ciudad.
—Hola —Dijo ella al ver al hombre en la mesa esperándolo en un bar.
—Hey que pasa muchachita. ¿Qué bien estas?
Ella se había vestido con un corto jersey y una blusa negra. El chico la agarro de la cintura mientras que la sentó en sus piernas. Ella detestaba que hicieran eso.
—¿Entonces que quieres bebe?
>Pensó.
—Pues un Martini estaría bien. Piensas que en lo que llevo de vida me he tomado un Martini, tengo que salir más.
Puso una actitud relajada. Relajo las piernas para que no se diera cuenta que estaba estresada. Mientras que jugaba con su pelo. Cosa que la relajaba. Desde pequeña lo hacía siempre que estaba en apuros para liberar las presiones de su cuerpo.
El hombre era alto de pelo oscuro. Un motero. Los brazos de él, hacían por el doble, también por el triple de los de Aleisha. Estaba confundida en problemas si él le quiera hacer algo. Por eso se mostraba tan sumisa.
Aron se llama el hombre.
—Vamos a beber mucho, tú tienes que pagarme una deuda pendiente primor.
—SI lo sé. Estoy reuniendo el dinero.
—Bueno pero sabes que cada día que pasa, es cien dólares más.
—Si lo sé.
—Bueno entonces come. Porque esta noche salimos.—Le nalgueo.
—Hoy no.—Dijo apresurada.
—¿Porque?
—Tengo que trabajar.
El hombre lanzo un rugido estruendoso. Completamente deliberante. Con una actitud ruda.
—Diablos. Nunca puedes.
—Tengo…
—Cállate.—Golpeo la mesa—. Cállate de una vez puta.
Entonces le dio una bofetada. Nadie en el bar se atrevió a decir nada.
—Te doy un mes para que pagues la deuda o si no…
Simplemente movió el dedo pulgar de derecha a izquierda en su cuello.
—Quedas advertida.
Trato de convencerlo pero tampoco pudo. Aron salió del bar con la furia de un vikingo. Aleisha se postro en la mesa, bebiendo aquel Martini secando su magullón que se le hizo en la cara. Nunca en su vida nadie la había golpeado.
Tenía ganas de llorar.
Pero se contuvo porque la gente la estaba mirando.
Alex guardaba siempre después de trabajar en el taller por su cuenta, algunos dólares extras para comprar aquella moto que tanto había deseado. Un moto del año, y este mes la iba a conseguir, solo le faltaban cien míseros dólares que los sacaría de debajo de las piedras si era necesario. La convicción del muchacho no se rendía ante nada, poniéndose cualquier obstáculo enfrente iba a tener moto para el mes próximo sí o sí.
—Si tengo una moto.—Pensó en voz alta— podre sacar a pasear a Aleisha y sería un paso más adelante en esta oportunidad que me está dando la vida. Estoy más que emocionado, quiero que ella me vea así como soy y después nos casemos y tengamos ocho hijos. Para que cuando estemos viejos nos cuiden. ¡Ja! Tampoco la vida es tan fácil.
Miro por la pequeña mira del telescopio apuntando a la casa. Estaba sola. Nadie había llegado aún. Su vecina estaba en el centro todavía. ¿Cuándo iba a llegar?
Así pasaron un par de horas.
Hasta que comenzaba a perder la esperanza de que llegaría esa noche.
Cuando…
La chica llego en un taxi también traía las cosas con las que estaba acostumbrada a viajar. Una cesta entre los brazos y las bolsas repletas de comida y accesorios para la limpieza.
Alex se preparó.
Enseguida llego a la casa de la vecina con una taza llena de tortitas.
—Hola Veci…
Al escuchar la inconfundible voz del vecino, en su puerta ella dejo las bolsas en la cocina para abrirle al chico.
Las cosas estaban desordenadas en su casa, sintió algo de pena cuando estaba delante de él, abrirle la puerta era completamente una mala idea. Pero el con su voz plantada en alegría la volvió a convencer.
Abrió la puerta y él estaba allí, con una tacita en las manos.
—Eres muy puntual vecino.
—Claro.—Abrió la puerta y le guio hasta uno de los sillones.
—Espera mientras acomodo mis compras.
El afirmo con la cabeza.
Mientras que esperaba él se comió un par de tortitas matando algo de tiempo, pensó que la chica se esforzaba mucho en su casa, viendo las compras y viendo lo que hacía.
> pensó mientras miraba embelesado a la dulce muchacha. >
Siguió haciéndose ideas.
Hasta que Aleisha llego con la Tablet y el parchís a un lado de ella. Enseguida puso el tablero en la mesa y saco las fichas.
—Te traje algo veci…—Ella miro a la tacita. La tomo y abrio el contenido, encontrando algunas tortitas de plátano.
—Gracias.