33

1465 Words
"Un día, recordé quién era. Fue unos meses después de las dos veces que había perdido la memoria nuevamente. Olvidé las cosas en dos ocasiones, tuve sueños como si estuviera conociendo de nuevo el largo pasillo de la casa. Aún no podía creer cómo habían descubierto quién era yo. Arrastré mis uñas con desgano, sin muchas ganas de hacer algo. Observé los pasillos, impecables como siempre. Seguramente habría conseguido una nueva empleada, aunque no estaba seguro si lo que me pasó era real o un sueño. Miré desesperadamente a Camila, intentando entender qué estaba pasando. Incluso llegué a creer que había una Emma en un momento y en otro no. No sabía qué era real y qué no. Solo sabía que estaba completamente confundido, como cualquiera lo estaría. Ayer, en el jardín, divisé a Camila a un metro de distancia. Corrí para alcanzarla, la tomé del brazo con cuidado y se giró asustada. Creo que en cuanto vio mis ojos, supo que había recuperado la memoria porque sonrió. "Amaya", comentó, y sentí un alivio. Nos abrazamos con fuerza y sonreí. En ese instante, le pregunté si Adam sabía que era Amaya, pero ella negó. "No lo sabe", dijo. "¿Me puedes decir qué ha pasado? Todo esto es muy confuso", le pregunté." Ella suspiró. Fuimos corriendo, dejó a un lado lo que estaba haciendo, y avanzamos por el camino habitual hasta llegar a la casa de cada una, bueno, la puerta de la suya. Ingresé. "Siéntate", comentó, y yo le hice caso, dejando caer mi cuerpo sobre la silla junto a ella. Se sentó frente a mí y dijo: "¿Quieres tomar una taza de café o té?". "Café", respondí. "Bueno, voy a levantarme", dijo alejándose de mí mientras me acercaba a la cocina. No me di la vuelta, pero pude escuchar perfectamente cómo encendía el electrodoméstico y el ruido de la taza golpeando contra la mesada. Pronto, después de algunos minutos, finalmente tenía una taza humeante frente a mí. "Mira, amiga, te voy a contar todo lo que está pasando, pero no quiero que te asustes, ¿entiendes? Solamente quiero saber la verdad. Tengo demasiados recuerdos confusos, como sueños, que no sé si son reales. ¿Acaso hay otra persona como yo? ¿Tengo una gemela o no sé qué demonios he estado soñando?" "No, Amaya, sigues siendo tú, la misma Maya. Te hemos nombrado como Emma en todas estas ocasiones porque no queríamos faltarle el respeto a tu memoria con esa gran mentira que hemos estado manteniendo todo este tiempo. Eres la misma persona que yo he conocido. Eres solamente tú. Has perdido la memoria y has estado fingiendo ser Emma, está bien. Bueno, no sé si está bien del todo, pero hagamos como que está bien." "Sospecha, mírame, no estoy arreglada ni nada", dije. "Pero él sabe que supuestamente eres prima de Amaya", comentó, y yo suspiré. ¡Vaya lío en el que estaba metida! Así que era Emma, pero Adán no se había dado cuenta de nada. Aunque entonces pregunté: "¿Y él no dijo nada sobre Amaya?". "En verdad no". "¿Cómo que no? ¿Desapareció justo el día del accidente? ¿Acaso es sospechoso?", pregunté. "Me dice...", suspiró, "sí, tienes razón. Pero al parecer, no sospecha de ti. Confía ciegamente en ti. Simplemente le dije que Amaya tuvo que irse en un viaje". "Mierda, ¿cómo tengo que guardar todos estos secretos? Quiero irme", comenté, refregándome el rostro con las manos. La escuela no importaba si estaban limpias. Me di cuenta de que estaba agotada, física y mentalmente, por todo lo que estaba ocurriendo. No podía seguir mintiendo y, sobre todo, quería ver a Adán. Pero tenía miedo. Decirle la verdad significaba ver su enojo, el precio que tendría que pagar. Suspiré con valentía, me puse de pie y salí corriendo. "¡Amaya!", exclamó mi amiga, pero yo no la escuché. A través del camino de siempre, con piedras, escuchaba el eco de mis propios pasos hasta que finalmente llegué frente a la gran mansión. Sin un suspiro, porque la valentía que había tomado hace un momento se esfumó como el agua, cerré los ojos con fuerza hasta que mis párpados se volvieron blancos e ingresé. La oscuridad se hizo presente, los pasillos de la casa estaban oscuros, sin un rayo de luz solar. No obstante, seguí caminando hasta llegar frente a la oficina de Adán. Recordaba exactamente cada vuelta, cada pasillo, la cantidad exacta de pasos y las veces que llegué con mi delantal, doblando con cuidado, bajando la vista con miedo a ser despedida. Ahora era diferente. Comencé a avanzar, conté 1, 2, tres pasos y finalmente llegué al frente de la puerta. Estiré mi mano derecha y luego la acerqué a mi cuerpo, abrazándola. Tenía miedo: abrir la puerta y encontrarme con algo no deseado, hablar con él y que simplemente me odiara. Eso era más triste y aterrador que cualquier cosa imaginable. Pero no sé en qué momento encontré la valentía. Después de gastar algunos minutos divagando frente a la puerta de Adán, esta se abrió, pero no por mí. Al otro lado estaba Adán, mirándome confuso, con su traje azul y sus ojos curiosos observándome. "¿Estás bien?" preguntó. Yo negué. Lo abracé sin decir palabra y empecé a llorar. Tenía tanto miedo de que descubriera la verdad, de que me rechazara, que ya no me quisiera. La amargura llenó mi corazón y se desvanecía con cada paso. El suspiro que devolvía el abrazo no comprendía lo que me estaba pasando. "Recordé todo", comenté. Adán me tomó de los hombros para observarme. "¿De verdad?" preguntó. Asentí. Comencé a narrarle exactamente cómo lo conocí, cómo dejamos de vernos y le conté que después del accidente, no sabía si lo que había pasado era real o no, así que le había preguntado a Camila. Él la recibió con felicidad y me abrazó con fuerza. "Me alegra tanto, tenía miedo de perderte para siempre", dijo con un dejo de emoción, y yo suspiré. "¿Pasó algo más entre nosotros?", quise saber, pero él negó. "No, simplemente hemos sido amigos. No quería asustarte", murmuró con tristeza en los ojos. Al parecer, este hombre había sufrido mucho durante estos meses, lo que me hizo sentir culpable. Lo abracé con fuerza, sabiendo que a partir de ahora seríamos uno solo y que nada podría separarnos, al menos eso pensaba. Sonreí sin poder evitarlo al sacar eso de mí. Él también me abrazó con fuerza, y decir que no lo quería sería una mentira. No estaba dispuesto a mentirle de nuevo a la persona que amaba. Mientras me abrazaba, lloré en su hombro. A pesar de todo, no recordaba bien todo lo que había pasado, no sabía qué era real, pero sí recordaba lo que había sucedido antes del accidente. No podía creer que habían pasado largos meses desde todo lo ocurrido. Estaba confundida. Me abrazó con fuerza y yo a él, porque lo amaba. "Te amo", le dije, y él me abrazó aún más fuerte. Me besó en los labios y sentí como si eso hubiera sucedido ayer, aunque estaba equivocada. "Entonces, ¿solamente éramos amigos?" pregunté, pero él negó. "No quería asustarte", dijo. Suspiré. No podía imaginar a una persona mejor en este mundo, alguien que no pretendiera lastimarme. Nada había pasado entre nosotros, lo cual era algo muy valioso. No sabía en ese instante lo único que podía pretender, quería seguir adelante y no pensar demasiado. Si pensaba demasiado, la vida misma me llevaría por caminos extraños y no tenía ánimos para recorrerlos. Nerviosa, desvié la vista en un par de ocasiones, contemplé lo que había sido de mí, las ganas que tenía muchas veces de salir adelante, y mi situación en la universidad. No había logrado avanzar en nada, debía resolver todo esto. Tenía tantas interrogantes y preguntas que asaltaban mi cabeza de forma repentina. Decidí soltarme para correr y preguntarle a Camila, que se quedó en medio del pasillo un poco confusa pero siguió trabajando. Cuando la encontré limpiando el suelo, me acerqué. "Tengo muchas dudas", comenté, y ella suspiró. "Dime cuáles", respondió pacientemente. "Pregunto, ¿qué pasó con la universidad?" le pregunté. "Al no recordar nada, obviamente no pudiste asistir, pero puedes regresar cuando quieras", explicó. "Quiero regresar", comenté, y Camila me miró con una mueca triste. "Entonces regresarás", dijo sonriente, y la abracé. Después me di la vuelta y fui a buscar a Adán para hablarle de ello. Al abrir la puerta, no ingresé porque Adán estaba hablando por teléfono con alguien. "Si ella ya recordó, me siento un poco confuso. No sé qué haré ahora", expresó Adán al teléfono. "Está bien, Aldana. Sé que esta relación que empezó... está bien, no te preocupes", concluyó.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD