Si debes escoger entre un pastelillo no te guíes siempre de las apariencias, a veces el mas delicioso es el que no esta decorado tan bonito.
Me dirigía hacia la puerta cuando un ebrio Nickolas me agarro del brazo, se veía tan vulnerable que parecía lindo. No comprendía como la vulnerabilidad de aquel hombre me conmovía, tal vez porque siempre se veía tan fuerte y capaz que tal vez pocos los veían asi.
—Por favor no te vayas—una voz suplicante era difícil de ignorar más mientras arrastraba su acento.
—¿Por qué no? Debo irme a mi casa—replique de manera suave, aquella noche ya se había chupado mi salida de al menos tres semanas. Yo acostumbraba a trabajar como si no hubiese mañana y ver series, esa era la vida social que adopte gracias a mi padre.
—Siento que quiero estar contigo—volvió a susurrar aquel hombre con un muy tierno acento. Su mirada parecía totalmente sincera, decían que las personas ebrias eran muy sinceras, pero aquello era de otro mundo—Si te doy un millón de dólares extras me darás un poco de cariño, ya me cansé de estar solo—aquella voz llena de melancolía era difícil de ignorar.
Mi corazón se ablando levemente pues yo he llegado a sentir lo mismo. He sentido como mi corazón no era lo suficiente para entregar y recibir amor. Suspire suavemente—Pero debo irme a mi casa a dormir.
Replique como si aquello seria mi santa salvación, lo que no espere fue una mirada de cachorrito, era demasiado lindo que sentí algo raro en mi corazón
«Dios te ves tan lindo cuando me miras así, se me hará difícil decirte que no» Si se comportaba así conmigo me derretiría, el podría pedirme lo que fuese con esos ojos y aceptaría.
—Duerme conmigo—salió con un acento francés pronunciado siendo arrastrado por sus palabras con un leve susurro. El alcohol hacía que su acento diera a relucir en muchas ocasiones, pero su voz de ebrio era tan bonita—Te prometo no tocarte, solo quédate conmigo esta noche.
—Claro que no niño bonito, dormiré contigo algún día pero hoy no será ese dia.
Caminaba para irme, pero el me jalo con fuerza hacia la cama apretándome un muy fuerte pero cálido abrazo. Aquel abrazo me hacía sentir algo que no comprendía, esa calidez me hacía sentir como si estuviera en mi hogar….lo odiaba.
—Nickolas suéltame—Susurraba con algo de molestia, sinceramente sentía que aquel hombre iba a derrumbar mis defensas.
—¿Por qué? Eres mi esposa y como ella debes cumplir.
Intenté hacer una mueca, intentaba soltarme, pero el era fuerte, algo pesado tanto que no pude hacer nada. Pensé en escaparme en cuanto este idiota se durmiera, pero aquel abrazo tan cálido, la respiración en mi cuello, la paz que me daba, no sé cómo ni porque, pero terminé durmiéndome en su brazo.
No se que hora era cuando desperté lentamente. Mis ojos parpadeaban intentando acomodarse a la luz de aquel lugar. Me senté en la cama notando como Nickolas dormido me abrazaba por la cintura pegándome mas hacia el.
—S'il te plaît, reste au lit avec moi un peu plus longtemps. (Por favor quédate en la cama conmigo un poco más.)
No entendía ni una mierda de lo que dijo aquel hombre medio dormido pues el usualmente andaba diciendo pestes en el trabajo. Mi diccionario basto de Nickolas no me ayudo en aquel momento, pero lo dijo medio dormido con un tono tan tierno que no contrataba con aquel hombre. Este se acomodaba aun mas a mi….hasta que sentía algo…..duro en mi trasero.
«¡Acaso este hombre tiene una erección!»
De golpe de la cama totalmente alejándome de aquel hombre como si fuese un demonio…o mejor dicho un Dios griego aun semi inconsciente en la cama. Sali con rapidez por la puerta pues sabía que con la calentura que cargaba por meses de atinencia terminaría bajo sus sabanas. Comencé a buscar en aquella casa algún baño buscando por un buen rato hasta que conseguí un baño lavándome mi boca con un enjuague bucal saliendo para dirigirme hacia la cocina.
—Bueno si estoy aquí lo mínimo que este tipo puede ofrecerme es café antes de irme a trabajar.
Hablaba conmigo misma mientras iba a la cocina preparándome una taza de café en su cafetera eléctrica. Me serbia una taza de café mientras me sentaba en su desayunador mirando desde alli la hermosa ciudad. Aquella área era preciosa no se podía negar. Mientras seguía tomando mi café la puerta principal se abría. De aquí entraba un hombre el cual al verme se sorprendió un poco.
—Vaya, no sabía que Nick tenía visitas como esta preciosidad.
Noto aquel hombre acercase hacia mi sonriendo de manera perspicaz. Parecía una versión mas joven de Nick con la única diferencia que tenía unos ojos de color verdes, y aunque se le escuchaba un acento francés el del más suave, coqueto por naturaleza, yo solo pude sonreírle.
—Creo que primero debe presentarte—corte levemente aquellas insinuaciones semi coquetas de aquel hombre.
—Yo soy Nathan, y tu eres…
Un sonido fuerte desde las escaleras sonó lo cual obligo a aquella versión joven de Nickolas y a mi persona mirar hacia arriba notando a un Nickolas algo enojado.
—Ella es mi esposa, Nathan saluda y deja de molestarla.
—Tu… ¿!tu esposa!?—un descolocado Nathan me miraba como si hubiera encontrando el santo grial.
Aquel chico pareció algo confundido mirándonos a ambos. Su rostro era un verdadero poema principalmente al mirar a Nickolas y después me miro por unos segundos. No se porque mi mente tan imaginativa imagino a aquel hombre analizando todas mis partes buscando alguna razón de porque “enamore” a aquel hombre.
—Vi en el chat grupal que dijiste que te casaste, pero no pensé que fuese con alguien así.
Aquello me hizo levantar mis alarmas pues yo mire a aquel chico como si quisiera lanzarlo desde el piso donde estábamos, actualmente estábamos en el piso ciento cinco.
—¿Así cómo?
—Eres muy bonita, pero no tienes cara de cazafortunas llena de maquillaje, ¿acaso se casaron en las vegas y acabaron de volver?
No pude evitar reírme un poco. Sinceramente Nathan se veía un chico que era fácil disfrutar y estar cerca de el ¿Cómo es posible que Nathan y Nickolas fuesen tan diferente? En otro momento tal vez si le hubiera dado la oportunidad a Nathan a salir en mis años de la universidad pues era el típico hombre que me buscaba. Hombres que podían iluminar una habitación con su mera presencia pues mi vida de mierda lo ameritaba. Rápidamente analice que por como actuaba sabía que no debíamos llevarnos tanto en edad.
—-Ok entonces eres el gracioso de los dos, bueno los dejare que se diviertan yo tengo que irme a trabajar—Comente de manera algo cortante mientras dejaba la taza en el fregadero y me iba a mi trabajo.
Mientras llegaba mi teléfono sonó con el nombre de “Loco cazador de esposa” en un mensaje *Mis padres quieren conocerte hoy, te compro ropa tu solo trae tu lindo trasero a mi casa y te pones la ropa*
—Ese tipo que piensa.
Sentía que aquel hombre pensaba que yo era una muñeca que podía vestir tipo Barbie, lo cual era irónico pues era rubia de ojos azules. Aquello me podría molestar, pero considerando lo que pago seria su muñeca por un año al menos. Sonara cruel, pero sería una muñeca muy avariciosa, me desharía de todas las deudas y volaría lejos de donde estaba. *Al menos asegúrate que el vestido que me compre tenga el busto más grande, me apretaba el vestido de boda que me diste*
Respondía después de cambiarme, aquel día seria mi primer día dentro de la cocina de repostería lo cual me emocionaba. Brandon había contratado a su sobrino que apenas cumplió los dieciocho para ser lavaplatos pues según el debía conseguir a alguien rápido. Brandon introducía a su sobrino, pero sentí una intensa mirada del hacia mí, pensé que tenía algo mal puesto a lo cual comencé a seguir su mirada notando que este miraba mi anillo. Con fingida inocencia simplemente escondí mi mano detrás de mi mientras este nos daba indicaciones a todos. Mientras todos se fueron a sus lugares de trabajo noto que Brandon se acercaba hacia mi pues no me había dado ningún mandato.
—Tu harás solo dos pasteles de un pedido no muy famoso, servirá para que tengas clientes—comentaba aquel hombre con una calmada voz—Antes de que lo olvides, retírate el anillo o cualquier pulsera pues podría suponer un riesgo sanitario—hablaba de manera pausada y calmada mientras salía de mi vision dirigiéndose a su oficina.
«Debo esconder este maldito anillo»
Mientras iba a la cocina me retiraba mi anillo de matrimonio colocándomelo en mi bolsillo derecho, buscaba lo que necesitaba dándome cuenta recibía un mensaje el cual revisé por la maldita cláusula del contrato *No pude fijarme en tus pechos, pero si me dejas tocarlo podre saber tus medidas más exactamente*
—Pero ese francés está totalmente loco.
Algo choqueada en leer algo así proviniendo del hizo que guardara mi teléfono sintiendo que aquel me tenía mucha confianza. Manolo me abrazo por los hombres riendo sin saber por qué había dicho eso.
—Hablas de Nickolas ¿no? Si lo es, ¡pero no vendrá hoy! Brandon me dijo que estaría en el restaurante de Miami por unos días.
Aquello me alegro pues sinceramente su presencia me ponía los pelos de punta. Me encantaba observarlo cuando entraba a la pastelería, pero el solo entraba con pasteles muy específicos. Mientras aún era abrazada por Manolo nos dirigíamos al área de repostería mientras a la distancia escuchaba ese….maldito acento francés.
—Señor Manolo, no creo que esa sea la manera más apropiada de enséñale repostería a la señorita Leanette—se escuchaba un fuerte acento francés enojado de manera tajante mirando fijamente a ambos.
Manolo se despego de mi como si todo mi cuerpo quemara mientras nuestras miradas apuntaban a Nickolas ¿Pero ese hombre no tenía que ir a hacer otras cosas además de molestarme? ¡maldita sea! Brandon el cual venia de cambiarse noto a Nick a la distancia haciendo una leve mueca.
—Nick que haces aquí.
—Decidí quedarme por un tiempo aquí, mi padre dijo que se encargaría en el restaurante de Miami antes de venir…además— una muy intensa mirada de Nickolas era dirigida a mi de manera espéctate y indescifrable—quiero ver si no me equivoque al dejar entrar a la asesina de pastelillo en nuestra cocina
Intente no abrir la boca de golpe, Nick se la pasaba viajando a todos sus restaurantes que apenas se podía decir que era nuestro jefe. El nos visitaba como mucho una vez al mes, si había problemas hasta cuatro veces al mes, pero no más de eso.
—Vaya si tu padre va a venir a New York entonces algo grande paso, vamos a la oficina cuéntame un poco de que está pasando aquí.
Brandon miro por unos segundo a Nickolas y luego a mi como si pudiera olerse que estaba pasando pues este volvió a mirar mi mano izquierda donde había estaba situado mi anillo.
Según tenía entendido Brandon tenían ambos la misma edad, cumplen en el mismo día y se llevan tan bien que parecen hermanos, aunque Brandon es más sereno que Nickolas. Nickolas y el se dirigieron a la parte trasera donde estaba la oficina con un enorme ventanal donde se podia ver toda la cocina. Por otro lados todos los otros chefs nos dedicamos a hacer nuestra parte, yo por mi parte me dedique a hacer postres con Manolo los cuales el se encargaría en su mayoría.