Madian Estoy en mi oficina con demasiado trabajo. Leo el documento que tengo en mis manos y no me concentro. Mierda, es que no debo pensar en cosas que no sé si son verdad. Echo mi cabeza hacia atrás y cierro mis ojos. Creo que lo mejor es que hable con Dereck; sí, eso haré. Pero, ¿cómo le pregunto algo tan personal si ni siquiera lo conozco? Mierda, suspiro, y cuando abro mis ojos y me acomodo en mi silla, Bárbara y Angélica están paradas frente a mí con sus brazos cruzados y una sonrisa que no me gusta nada. Yo niego, pues no sé qué diablos quieren. Mierda, les dejé todo y ellas siguen jodiendo. Angélica es la primera en hablar. —¿Qué te ha tragado la lengua, el ratón, o tu cerebro no termina de coordinar para que conecte con tu lengua? Yo volteo los ojos y sonrío. —Yo sé que ustede

