Madian Era domingo por la mañana y no tenía ánimos de salir de la cama. El enfrentamiento que tuve con mi padre me había dejado un gran dolor en el pecho, pero no voy a desistir. Le voy a demostrar que soy su hija, le voy a demostrar lo que son Bárbara y Angélica, y se va a lamentar por todo lo que está haciendo. Pero desgraciadamente, ya no va a haber marcha atrás. Estoy abrazada a mi almohada con mis ojos cerrados cuando siento que retiran mis sábanas. Me siento en la cama y miro a mi amiga, mal. —No me digas nada y quita esa cara, que te ves horrible. Es domingo y quiero salir de compras, así que ve a la ducha; si no, yo misma soy capaz de meterte ahí. Anda, tienes 20 minutos para arreglarte, mueve ese lindo trasero, que no hay que perder tiempo. Yo volteo los ojos con fastidio. Dio

