Esa noche, mientras Sheyla duerme a mi lado, mi mente sigue atrapada en las sombras de la audiencia y en la mirada desafiante de Ernesto. Su advertencia resuena en mi cabeza, y me doy cuenta de que esta batalla se ha convertido en algo mucho más profundo que un simple enfrentamiento de negocios. Ernesto parece dispuesto a llegar a cualquier extremo con tal de destruirme, y eso me hace sentir un peso creciente en el pecho. Al amanecer, me despierto con una seguridad renovada. Estoy listo para enfrentar lo que sea, y no voy a permitir que el miedo me paralice. Antes de que Sheyla despierte, salgo al balcón y hago una llamada a Gabriel. Necesito que intensifiquemos nuestra investigación y encontremos algo contundente, algo que ponga a Ernesto en jaque. —Gabriel, ¿hay alguna pista nueva sobr

