Después del encuentro con Vanessa, la cena se vuelve incómoda. Sheyla apenas toca su comida, y yo intento llenar el silencio con palabras vacías, pero ambos sabemos que lo que acaba de pasar ha cambiado algo. Vanessa logró su objetivo: plantó una semilla de duda entre nosotros, y ahora la siento creciendo, envenenando lo que hemos construido. Al salir del restaurante, Sheyla se muestra distante. Caminamos en silencio hasta el auto, y durante el trayecto a su departamento, noto cómo sus manos se entrelazan, un gesto que hace cuando está incómoda. Sé que la culpa de todo esto es mía; debí haber sido más claro desde el principio, debí haber anticipado que Vanessa no se iba a quedar en el pasado tan fácilmente. Al llegar a su edificio, Sheyla rompe el silencio. —¿Subes un momento? —me pregu

