Los días siguen su curso con una calma engañosa. Vanessa parece haber desaparecido de nuestras vidas, y aunque a veces siento el impulso de mirar sobre mi hombro, me esfuerzo en creer que ya no tendrá poder sobre nosotros. Con Sheyla, nuestra relación se fortalece cada día. Nuestras salidas son cada vez más frecuentes, las risas más espontáneas, y las noches… bueno, las noches son cada vez más intensas. Una tarde, mientras estamos juntos en su departamento, Sheyla suelta una pregunta que no me esperaba. —¿Te gustaría conocer a mi familia? —dice con una sonrisa que mezcla emoción y un toque de nerviosismo. La pregunta me toma por sorpresa, y noto que el gesto de Sheyla se vuelve un poco tenso al ver que no respondo de inmediato. —Claro que sí, me encantaría —respondo, casi sin pensar, p

