Parece que Vanessa ha desaparecido de nuestras vidas. El alivio es palpable, y Sheyla y yo comenzamos a disfrutar de una paz que hasta ahora solo habíamos saboreado en momentos fugaces. Sin embargo, esa calma es solo la antesala de lo que viene. Una tarde, mientras reviso unos documentos en mi oficina, recibo una llamada de un número desconocido. La voz al otro lado de la línea me hace congelarme: es Serena, una mujer con la que tuve una breve y turbulenta relación en Milán hace años. Serena era una modelo famosa en Europa, y su carácter impredecible, combinado con su atractivo y sus habilidades para manipular a las personas, hicieron de nuestra relación un caos. —¿Pablo? —su voz es suave, como si no hubiera pasado el tiempo. —Serena… ¿qué quieres? —respondo, tratando de mantener la cal

