Parece que Vanessa ha desaparecido de nuestras vidas. El alivio es palpable, y Sheyla y yo comenzamos a disfrutar de una paz que hasta ahora solo habíamos saboreado en momentos fugaces. Sin embargo, esa calma es solo la antesala de lo que viene.
Una tarde, mientras reviso unos documentos en mi oficina, recibo una llamada de un número desconocido. La voz al otro lado de la línea me hace congelarme: es Serena, una mujer con la que tuve una breve y turbulenta relación en Milán hace años. Serena era una modelo famosa en Europa, y su carácter impredecible, combinado con su atractivo y sus habilidades para manipular a las personas, hicieron de nuestra relación un caos.
—¿Pablo? —su voz es suave, como si no hubiera pasado el tiempo.
—Serena… ¿qué quieres? —respondo, tratando de mantener la calma.
—Estoy en la ciudad y pensé en visitarte. Después de todo, pasamos momentos inolvidables juntos, ¿no? —su tono suena juguetón, pero sé que detrás de esa dulzura hay algo más.
—Escucha, Serena. Yo… tengo pareja ahora. Estoy con alguien a quien amo, así que no sé qué esperas de mí.
Ella ríe, una risa ligera pero cargada de intención.
—Oh, querido, ¿realmente crees que no lo sé? Ya escuché todo sobre tu noviecita. Pero vine porque quería verte, no porque esperara algo de ti… por ahora. —Su tono cambia a uno más sombrío—. Pensé que quizás recordarías lo que tuvimos. Las personas como tú y yo no cambiamos, Pablo. Quizá necesites una pequeña ayuda para recordarlo.
Antes de que pueda responder, la llamada termina abruptamente. Me quedo mirando el celular, con una mezcla de incredulidad y preocupación. Serena siempre fue una mujer impredecible, alguien que nunca aceptaba un "no" como respuesta. Y aunque no creo que tenga el mismo tipo de obsesión que Vanessa, sé que su presencia no augura nada bueno para mi relación con Sheyla.
Los siguientes días pasan en un estado de alerta constante. No quiero preocupar a Sheyla, así que no le menciono a Serena, pero sé que en cualquier momento podría aparecer. Y lo hace, de la forma más inoportuna.
Estoy con Sheyla en un evento de caridad, rodeado de conocidos y algunos amigos en común. Todo marcha bien hasta que, al girar hacia la entrada, la veo: Serena, con un vestido ceñido, impecable y deslumbrante. Su mirada se encuentra con la mía y sonríe, como si fuera la anfitriona del evento. El pánico me invade por un momento, pero trato de disimular.
Sheyla nota mi expresión y sigue mi mirada. Cuando sus ojos se encuentran con Serena, noto un destello de curiosidad mezclado con un toque de celos.
—¿La conoces? —me pregunta, intentando sonar casual.
—Sí… es alguien del pasado. Solo coincidencia. —Intento restarle importancia, pero mis palabras suenan más nerviosas de lo que quisiera.
Sheyla me lanza una mirada interrogante, pero no insiste. Sin embargo, noto que Serena se acerca lentamente, disfrutando del poder que su presencia ejerce sobre nosotros.
—Pablo, querido. No puedo creer la suerte de verte aquí —dice, con una sonrisa que podría derretir el hielo. Luego mira a Sheyla y le dedica una leve inclinación de cabeza—. Oh, disculpa mis modales. Soy Serena.
—Sheyla —responde, con una sonrisa cortés pero distante.
Serena evalúa a Sheyla de pies a cabeza, y puedo notar la ligera tensión en los labios de mi novia, quien intenta mantener la compostura. Serena lanza una mirada a mi traje, como si buscara cada detalle que recuerde de nuestros tiempos juntos en Milán, y siento que su presencia es más una invasión que una coincidencia.
—Bueno, Pablo, ya sabes dónde encontrarme. Estoy en la ciudad por unos días, así que no dudes en llamarme si necesitas… recordar viejos tiempos —dice, con una voz lo suficientemente baja como para que Sheyla no la escuche.
Antes de que pueda responder, se aleja, dejando una sombra en nuestro momento. Me vuelvo hacia Sheyla, quien me observa en silencio. Su mirada es una mezcla de celos y desconfianza.
—¿Qué significa eso de "viejos tiempos"? —pregunta sin poder ocultar su malestar.
Suspiro, sabiendo que la situación no podría ser peor.
—Sheyla, ella es… alguien con quien estuve en el pasado, en una época muy diferente de mi vida. —Tomo sus manos, intentando que entienda la importancia de lo que siento ahora por ella—. No tienes nada de qué preocuparte. Lo que siento por ti es lo único que importa.
Sheyla asiente lentamente, pero noto que aún queda una sombra de duda en sus ojos.
Esa noche, Serena no desaparece como pensé. Al contrario, empieza a enviar mensajes, cada uno más provocador que el anterior. Me manda fotos antiguas de nosotros, recordatorios de nuestros viajes, insinuaciones de momentos íntimos. Borro cada mensaje tan pronto como llega, pero no puedo evitar preocuparme. El pasado parece decidido a seguirme, y temo que su presencia pueda sembrar dudas en Sheyla.
Unos días después, mientras estoy en casa de Sheyla, su celular suena. Ella se excusa y va a la cocina a contestar. Al regresar, su expresión es fría, y noto que su mirada se ha endurecido.
—¿Qué pasa? —pregunto, sintiendo que algo está mal.
Ella respira profundo, y su tono es contenido pero hiriente.
—Recibí una llamada de Serena. Me dijo que "quería advertirme" sobre algunas cosas que aún no me has contado. —Me mira fijamente, esperando una explicación.
Mi estómago se hunde, y sé que no puedo seguir esquivando la verdad.
—Sheyla, Serena es una mujer manipuladora. Hará cualquier cosa por vernos separados. No creas nada de lo que diga, por favor —le suplico, consciente de que esta situación se está volviendo insostenible.
Ella se cruza de brazos y parece debatirse entre la razón y la emoción.
—¿Pero por qué lo haría? ¿Qué tan importante fuiste para ella como para tomarse la molestia de buscarme y decirme todo esto?
Su pregunta queda en el aire, y la respuesta es dolorosa.
—Serena es… de esas personas que no aceptan un "no" como respuesta. Nuestra relación fue tóxica y complicada. Fui importante para ella en el peor sentido de la palabra. Pero estoy aquí contigo ahora, y no quiero perder lo que tenemos por alguien como ella.
Sheyla parece considerar mis palabras, pero es evidente que aún tiene dudas. Serena ha logrado sembrar una semilla de desconfianza, y me doy cuenta de que solo el tiempo y mi sinceridad podrán eliminarla.
Los días pasan con una tensión latente entre nosotros. Sheyla intenta mostrarse fuerte, pero noto que la duda se ha arraigado, especialmente cuando Serena se las ingenia para encontrarse con nosotros en diferentes lugares, como si el destino se hubiera confabulado en nuestra contra.
Una noche, Serena va demasiado lejos. Aparece en la puerta del departamento de Sheyla, fingiendo haberse "encontrado" conmigo, y lanza una mirada desafiante cuando Sheyla abre la puerta.
—Espero no haber interrumpido nada importante, Sheyla. —Sonríe, con esa expresión calculadora que conozco bien—. Solo quería recordarle a Pablo algunas cosas que parece estar olvidando.
Sheyla me mira, y su rostro está teñido de una mezcla de decepción y rabia. Antes de que Serena diga algo más, doy un paso adelante, decidido a acabar con esto de una vez por todas.
—Serena, ya basta. Lo que sea que estés intentando, no va a funcionar. No tengo ningún interés en ti, y me he esforzado por ser claro. Lo que sea que sientas por mí es tu problema, y no pienso permitir que lo uses para destrozar lo que tengo con Sheyla.
Ella me mira, primero sorprendida y luego furiosa. No esperaba que la enfrentara tan directamente, especialmente frente a Sheyla. Durante un segundo, parece que va a decir algo hiriente, pero simplemente lanza una última mirada desafiante y se marcha, visiblemente derrotada.
Sheyla se queda en silencio, mirándome con una expresión que no puedo leer. Toma aire y habla.
—Espero que no haya más mujeres del pasado que quieran aparecer y arruinarlo todo.
La abrazo con fuerza, sintiendo que el peor obstáculo ha pasado, y le susurro:
—No las hay, Sheyla. Te lo prometo. Eres la única que quiero, la única con la que quiero construir algo real.
Ella me corresponde el abrazo, y aunque sé que las heridas de esta situación no sanarán de un día para otro, estoy decidido a demostrarle que mi amor por ella es más fuerte que cualquier fantasma del pasado.