Los días pasan, y Sheyla y yo nos vamos recuperando lentamente de las tormentas que nos han caído encima. Aunque ella intenta disimularlo, noto que los comentarios de Paula siguen rondando en su cabeza. No se trata solo de Serena, sino de algo más profundo, algo que la hace temer que yo no sea el hombre que ella necesita, alguien en quien pueda confiar ciegamente.
Hoy decido llevarla a un lugar especial, un lugar que ha significado mucho para mí desde mi infancia: una pequeña cabaña en las afueras de la ciudad, junto a un lago rodeado de árboles y naturaleza. Es mi refugio, un lugar donde siempre he podido ser yo mismo. Quiero mostrarle este lado de mí, uno que quizás no conoce, y que tal vez la ayude a ver quién soy en realidad, más allá de las máscaras que pueda haber usado en el pasado.
El camino en auto es relajante. Sheyla está sentada a mi lado, mirando por la ventana con una expresión pensativa. Me pregunto en qué estará pensando, y aunque podría preguntárselo, prefiero darle su espacio. Quizá este silencio sea una especie de tregua, una pausa antes de las próximas palabras que necesitamos decirnos.
Al llegar a la cabaña, sus ojos se iluminan, y una sonrisa asoma en su rostro.
—Es hermoso… No imaginaba que tuvieras un lugar así —dice, admirando la vista al lago que brilla bajo la luz del sol.
—Es mi escondite secreto. —Sonrío y, con un gesto, le invito a acercarse al agua—. Cuando era niño, venía aquí cada verano con mi familia. Me ayudaba a escapar un poco de todo el caos de la vida en la ciudad.
Pasamos la tarde disfrutando de la paz del lugar. Preparo una parrillada al aire libre, y nos reímos recordando algunos de nuestros momentos más ridículos juntos. Ella parece relajarse, y siento que por fin está dispuesta a bajar las barreras que ha estado construyendo desde lo de Serena y Paula.
Después de comer, nos sentamos junto al lago, con una copa de vino en la mano. El sol comienza a ponerse, y el cielo se tiñe de colores cálidos y suaves. Este es el momento perfecto para decirle lo que he estado guardando en mi corazón.
—Sheyla, quiero que sepas algo. No soy perfecto, y mi pasado está lleno de errores. —La miro a los ojos, asegurándome de que entienda la seriedad de mis palabras—. Pero contigo quiero algo diferente. Quiero una vida real, una relación sin secretos, sin mentiras. Y sé que no será fácil, porque tengo mis defectos y tú también tienes los tuyos. Pero estoy dispuesto a hacer lo que sea necesario para que funcione.
Ella me mira, y noto que sus ojos se han llenado de lágrimas. Su voz es suave cuando responde.
—Pablo, yo… nunca pensé que dirías algo así. Siempre he creído que alguien como tú… no sería capaz de comprometerse de esta manera. Pero me doy cuenta de que tal vez he sido injusta, que no te he dado la oportunidad de mostrarme realmente quién eres.
—Eso es todo lo que quiero, Sheyla. Solo una oportunidad. Para demostrarte que soy capaz de amarte como tú mereces.
Ella sonríe, y siento que, por fin, las dudas se disipan. Nos abrazamos bajo la luz de la luna, y en ese momento, siento que hemos superado una prueba crucial en nuestra relación.
Esa noche, volvemos a la cabaña, y mientras preparamos el lugar para dormir, Sheyla me sorprende con una pregunta.
—¿Qué planes tienes para el futuro? —pregunta, sin mirarme directamente—. ¿Nos ves juntos… a largo plazo?
La pregunta me toma por sorpresa, pero no dudo al responder.
—Sí, claro que te veo en mi futuro. No puedo imaginarlo de otra forma.
Su sonrisa es tímida, como si aún le costara creérselo, pero se acerca a mí y me besa, y en ese beso siento que me entrega una parte de sí misma que hasta ahora había guardado con recelo.
A la mañana siguiente, mientras estamos desayunando, escucho que mi celular suena. Al ver el nombre en la pantalla, me quedo helado: es Paula. No entiendo qué podría querer de mí después de nuestra última conversación, pero decido contestar, con el celular en altavoz.
—¿Qué quieres, Paula? —pregunto, intentando sonar firme.
—Pablo, no me malinterpretes. No quiero problemas, pero pensé que deberías saberlo. Serena volvió a aparecer y está diciendo cosas que… no te van a gustar. Aparentemente, ha comenzado a hablar con algunos periodistas y está considerando contar su "historia" contigo.
Mi corazón se acelera. No quiero ni imaginar lo que Serena podría inventar para complicar las cosas entre Sheyla y yo.
—¿Qué historia? No hay ninguna historia que contar —le digo, tratando de mantener la calma.
—Bueno, tú lo sabes y yo lo sé, pero Serena es capaz de todo por llamar la atención. Quiere hacer parecer que aún tienes algo con ella, y que tu relación con Sheyla es solo un capricho.
Sheyla escucha la conversación, y aunque mantiene la compostura, puedo ver que las dudas han regresado. Decido que esto tiene que terminar aquí.
—Paula, dile a Serena que puede hacer lo que quiera. No me interesa. Lo que tengo con Sheyla es verdadero, y nada de lo que ella diga va a cambiar eso.
Cuelgo el celular y me vuelvo hacia Sheyla, decidido a aclarar cualquier duda que pueda tener.
—Sheyla, no sé qué más puedo hacer para demostrarte que lo único que me importa eres tú. Serena puede intentar lo que quiera, pero mi amor por ti es real. Solo necesito que confíes en mí.
Ella me mira, y asiente, tomando mis manos con fuerza.
—Pablo, quiero creer en ti. No es fácil, lo sabes, pero… estoy dispuesta a intentarlo. Serena y Paula no van a ganar.
La abrazo con alivio, sintiendo que hemos superado las barreras que nos han separado. Tal vez aún haya retos por venir, pero sé que mientras estemos juntos y nos apoyemos mutuamente, seremos capaces de enfrentarlos.
Nos quedamos abrazados en silencio, y mientras el sol comienza a brillar sobre el lago, siento que este es solo el comienzo de algo mucho más grande.