Todo era borroso, el dolor que sentía en mi espalda era insoportable no supe más nada de mí creo que debí haber quedado inconsciente en la ambulancia. Desperté en el hospital tenía una vía intravenosa en mi brazo, una mascarilla de oxígeno en mi boca y una bata de esas que le ponen a los enfermos en el hospital, de pronto comencé a recobrar la conciencia abrí mis ojos poco a poco la luz me molestaba fui acostumbrándome al reflejo de la luz debía estar lo suficientemente dopado, ya que no sentía dolor entonces miré a un lado y mi ropa estaba en una silla, pude recordar todo esa hija de perra me apuñaló de nuevo... –Eres un marica.– miré a la derecha y era mi padre sentado me observaba con una sonrisa. –¿Qué diablos haces aquí? ¡Ya déjame en paz!.– dije con un susurro. –Vine para ayudar

