Mina nunca conoció a sus padres biológicos y probablemente nunca lo haría. A ella eso le había hecho un poco más fuerte que a otras personas en su situación, nunca tenía a nadie a quien decepcionar porque sus expectativas eran exclusivamente suyas. No justificaba ninguna de sus costumbres o hábitos ni los comparaba porque no tenía con a quién. Sin embargo, el papá de su amiga, se había preocupado por ella. Rodrigo no tenía dónde caerse muerto, ni como atender a su hija, pero cuando visitaba a Brenda, la visitaba a ella también, siempre tenía un regalo para la pequeña Carmina, una muñeca de la cual no era fan, un pastel del sabor equivocado, una fiesta de cumpleaños de la cual no se sentía merecedora. Rodrigo, siempre se preocupó por ella y le dio el mejor consejo de la vida meses antes

