Dentro de una camioneta, sin saber a dónde pararía era la constante en la vida de Cala desde que Blake había decidido que ella lo acompañaría en su camino, parecía estar destinada a solo seguir los pasos de su captor, sus emociones no tenían importancia, y mucho menos sus deseos, solo estaba ensimismada, y parecía que en el futuro las cosas no cambiarían del todo.
Varias horas por carretera, hasta llegar al aeropuerto, fueron un infierno y esta vez no solo para Cala, los tres hombres que la acompañaban, se veían abrumados, no todo había salido como estaba planeado, y mucho menos para Blake.
Huía como un exconvicto y ciertamente no era algo a lo que él no estuviera acostumbrado en todo caso, había sido él pan de cada día desde hacía años, en ese momento mientras iban a toda velocidad, Blake recordaba, sus antiguas aventuras, sus fracasos y los aprendizajes de todo lo vivido, él no había llegado al poder por un simple golpe de suerte, o tal vez si.
Todo en su vida se lo había ganado a pulso aunque no significaba qué hubiera hecho el bien.
Su antiguo jefe un hombre de carácter sombrío, al que le apodaban el “Lobo”, durante años lo mantuvo como su mano derecha, subió tan rápido como la espuma, por su gran talento para los negocios, para asesinar a los enemigos, y porque no, por la excelente relación qué había tenido con aquel mafioso, que en algún momento lo considero su padre.
Blake recordó aquella noche, una que vivía en su memoria todo el tiempo y a todas horas.
Diez años atrás Blake era distinto, su apariencia era la de cualquier hombre de 25 años, pero este era muy apuesto, de piel blanca y tersa, con el rostro afeitado y unos ojos azules, que se sentían como él mismo recóndito mar abierto, atlético y musculoso, de porte enigmático y labios pasionales, tan fiel y apuesto como la envergadura de su caminar.
Blake había sido convocado a una reunión especial, los más grandes hombres de todo Italia celebraban lo que significa en el mundo de la mafia, la paz por acuerdo, todos eran viejos, y estaban cansados de rivalidades. Algo poco peculiar para los italianos de ese entonces.
Eran tres grandes hombres, el “Lobo”, “Lucky” y el “Sabueso”.
Cada uno tenía a su lado, en aquella mesa a su primogénito.
Al lado de “Lucky” se encontraba Donato, y por parte del “Sabueso”, estaba la más hermosa joven que Blake había visto en su vida, Mía.
—Parece que el único que no tiene cabida en este lugar eres tu lobo —dijo el “Sabueso”.
—No tener hijos qué lleven mi sangre, ¿te genera algún conflicto? —preguntó el “Lobo”.
—Señores, está reunión es para llegar a acuerdos, no para generar disputas —soltó “Lucky”.
—Me parece una falta de respeto, no tengo porque mezclarme con la basura italiana, ellos quedarán en el mando, —señalo a Donato y a su hija Mía y continúo —y no estoy de acuerdo que ese muchacho, de cara bonita deba estar presente —replicó él “Sabueso”, ciertamente Blake era más que solo apuesto de entre todos los de los presentes.
Blake abrió los ojos, en ese momento se dio cuenta de lo que realmente estaba ocurriendo, esa no era reunión de paz, o no necesariamente se buscaba ese objetivo, en ese hotel qué había cerrado sus puertas para extranjeros donde más de trescientos hombres de los tres señores, custodiaban el lugar, esperando cualquier aleteo para disparar si la reunión no llegaba a tener éxito.
—“Lobo”, temo decirte que no todo lo que dice el “Sabueso” es mentira, me apena qué estés aquí, con la idea equivocada, está noche los Castell y los Barzini uniremos esfuerzos.
Mi hijo Donato Castell, está prometido a Mía Barzini, y te prometo que no es mi intención evitar está unión, pero temo decirte que tú sobras en esta mesa y por supuesto, ese joven que está a tu lado tampoco es relevante —Dijo Lucky Barzini.
Blake respondió de prisa, aún con los años no es capaz de entender cómo fue que logró tal hazaña.
En ese momento, derribó la mesa, la puso como barrera y comenzó a disparar, no pasaron ni cinco segundos cuando todos en la sala, comenzaron a responder; entre disparos, gritos, golpes y algo de suerte, Blake pudo sacar al “Lobo” de aquel lugar, ciertamente los arbusto y los árboles del enorme jardín había sido de ayuda, podrían haber muerto todos en ese momento, pero la prioridad para aquellos hombres que custodiaba el hotel, era una sola, la vida sus jefes.
Esa noche la guerra se declaró, el saldo más de sesenta hombres habían muerto, y con ellos Mía la hija del “Sabueso”.
Escaparon tan de prisa como les fue posible, Blake sangraba de su hombro izquierdo, pero el dolor no significaba nada para él en ese momento, la adrenalina en su sangre, solo le hacía pensar en una cosa poner a salvo a su jefe, al hombre que lo había recatado de las calles.
Al llegar a la mansión de él “Lobo” Blake intentó ayudarlo para descender del vehículo.
—Espera Blake —dijo el “Lobo” y tomó de las solapas a Blake.
—Esta noche salió tal y como la esperaba, no puedo mentirte, por un momento pensé que moriríamos en ese lugar pero no me fallaste —el “Lobo” tosió —al menos, moriré aquí en este lugar que fue de mi padre y su padre antes de él —dijo el “Lobo”.
—Señor no diga eso, pronto estará a salvo solo debo llevarlo a su despacho —dijo Blake con algo de entusiasmo, mientras su labios, temblaban.
—Blake, moriré ahora, y todos vendrán a quitarme esto, sé que no estaré para verlo pero puedes estar tú para defenderlo —dijo el ”Lobo”.
—Quiero pedirte perdón —soltó él “Lobo” con esfuerzo.
—Señor debe estar bromeando, usted jamás debe pedir perdón —dijo Blake, mientras varios hombres se juntaban alrededor de la camioneta.
—Tu nombre es Blake Renard, ¿cierto? —preguntó el “Lobo”.
—Si señor ese es mi nombre —replicó confundido, no entendía porque era relevante su nombre en ese momento.
—Yo amé a tu madre, con locura —dijo el “Lobo”.
—Señor no lo entiendo —.
Blake estaba consternado, todo parecía extraño, esa noche había sido una maldita locura y la desesperanza de ver morir a su jefe en ese auto lo atormentaba, pero la herida en el pecho del “Lobo” le daba las señales precisas, su jefe estaba a punto de morir.
—No tengo mucho tiempo, tú nombre, tú verdadero nombre es Blake Tattaglia, si tú eres mi legítimo hijo, un Tattaglia puro, tú madre fue encantadora —tosió —cuando naciste mi padre lo descubrió, y mató al amor de mi vida. Cuando lo supe enloquecí, volví Francia, te busqué por todas partes, y durante años no supe nada de tí, me casé y tuve dos hijos más, y cuando creí perder la esperanza de volverte a ver, el destino se encargó de reunirnos.
Tu no sabes quién eres, ni lo que yo hacía, nadie lo sabía, después de la muerte de tú madre supe que mi padre no podría enterarse de mi maldita decisión.
Me negué rompí la promesa de mi padre y con ella, la alianza qué él anhelaba, nacieron tus hermanos, decidí esconderlos, decidí que no tenían por qué involucrarse en está vida, pero ahora que me queda tan poco mereces la verdad y ellos también, buscalos y recuerda algo. Ahora tú eres el señor de esto —dijo y llamó a los que estaban presentes con un par de chasquidos, los hombres que esperaban para ayudar a su jefe se acercaron un poco más.
—Blake Tattaglia, es mi legítimo hijo, mi primogénito, y él señor de todo —.
Fueron las últimas palabras de Andrea Tattaglia, el verdadero nombre de el “Lobo”.
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Blake jamás olvidaría esa noche, esa noche comenzó un legado qué iba más allá de solo el apellido, y estar ahí, huyendo en medio de la ciudad de New York, lo estaba llevando a esos recuerdos tan profundos y que significaban tanto para él.
—Blake, todo está listo, llegaremos en diez minutos, parece que los perdimos —dijo Santiago, mientras daba vuelta en una esquina. Lorenzo por su parte, se mantenía en silencio y Cala, trataba de comprobar donde se encontraba.
Los minutos pasaron y el hangar privado abrió sus puertas, la camioneta entró a toda velocidad, y se detuvo en seco, un avión enorme estaba frente a ellos.
Lorenzo bajó de la camioneta, luego lo hizo Santiago, y abrió la puerta para que Cala bajara, Blake bajó al final y sacó algo del bolso de su chaqueta de piel.
—Toma —dijo Blake, y estiró la mano.
Cala abrió los ojos sorprendida por lo que Blake le estaba entregando.
—Esta maldita osadía, fue la que hizo que saliéramos antes de lo previsto —explicó y caminó de prisa al avión, Santiago hizo lo mismo y Lorenzo se detuvo a esperar a Cala, cuidando de que no hiciera alguna locura.
Cala abrió aquello que Blake le había entregado, era su pasaporte, Blake había mandado a un par de hombres a buscar las cosas de Cala, y para fortuna de él, los documentos de Cala, estaban en su maleta, Cala era Italiana de nacimiento y por una mera casualidad del destino regresaría al país qué la había visto nacer y también irse a los pocos mese de nacida.
Ella se quedó en silencio por algunos segundos, Blake la miró desde lo alto del avión, y Lorenzo supo que debía llevarla con ellos.
—Señorita Cala, su prometido no la buscó, fue una casualidad, esos hombre que Blake mandó fueron presa fácil para su prometido —dijo Lorenzo, pensó que eso sería suficiente para que Cala al fin subiera al avión, y no estaba del todo equivocado, no era que Cala quisiera seguir siendo la cautiva de Blake, pero para ella en ese momento, las cosas no eran claras, aunque hubiera querido quedarse, conseguir su objetivo, era prácticamente imposible.
Pero al menos al subir al avión con un ápice de decepción le daba las fuerzas qué ella buscaba para seguir adelante, siguiendo la espalda de su captor.
Cala nubló sus ojos con sus propias lágrimas, algo en su pecho se rompió en ese momento, algo que ya era frágil, y que él pequeño empujón de Lorenzo lo había convertido en pedazos.
Cala levantó el mentón, con la poca dignidad qué le quedaba en sus entrañas, y solo así, sin titubeos, ni pasos torpes, subió al avión qué la llevaría lejos de aquella ciudad.
Blake y Santiago, estaban sentados uno frente al otro, ella buscó inocentemente la mirada Blake, pero este parecía que no notaba su presencia, Cala avanzó al fondo tomó asiento y Lorenzo se sentó frente a ella.
—Caballero desea beber algo —dijo un hombre acercándose con una agradable sonrisa. —Vino por favor —musito.
—Yo también quiero vino —dijo Cala, sin esperar a que el hombre la cuestionara, Lorenzo miró al hombre y asintió con la cabeza reforzando la petición de Cala.
Ella estaba frustrada, asustada y dolida, todo en su vida había cambiado, no había vuelta atrás y con el mayor decoro posible que un mafioso podía tener para con ella, Cala viajaba en un avión privado, al lado de Blake, de Santiago y de Lorenzo. Deseando qué el avión se cayera y terminará así con su sufrimiento.
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Ocho horas después, varios tragos de alcohol y desesperanza, el avión aterrizó, y una hora después y un camino eterno considerado así por Cala, la mansión de Los Tattaglia estaba frente a sus ojos.
Esta no era una simple mansión, cientos de hectáreas abiertas, que a donde quiera que se mirara, solo mostraban el campo, rodeaban el lugar, jardines altos llenos de hermosos colores verde vibrantes, flores de todos los tipos, y campos repletos de árboles de uvas en lo alto de las colinas, hacían mucho más espectacular, ese sitio.
Un camino de piedras simétricamente colocadas, daban comienzo a la entrada a la mansión, la escaleras de esta, no eran tan comunes, estaban dispuesta a un costado, cerrándose al frente por un muro protector, y después de estas un descanso tan amplio como un salón de fiestas, donde los jardines se extendía y un par de fuentes figuraban en los costados, al fondo otras escaleras, unas qué culminaban con dos enormes puertas de roble, de doble altura, eran la entrada al inquietante lugar.
—Hermano, al fin estás aquí, ¿ya está muerto el maldito de Antonio? —preguntó Bruno, un hombre igual de bien parecido qué Lorenzo y Blake, pero este era sonriente y de rostro amable con grandes ojos azules. Cala entró en pánico por algunos segundos al escuchar las palabras de Bruno, supo entonces, que Antonio significaba más que un capricho.
—Vamos a mi despacho —ordenó Blake, soltándose del abrazo de Bruno.
—¿Quién es esa belleza? —preguntó Bruno al ver a Cala aparecer después de Lorenzo.
—Lorenzo, llevala a su habitación, y date prisa, te quiero ver en mi despacho, ¿Santiago nos acompañas? —ordenó Blake, Lorenzo bajó la mirada, y tomó del brazo a Cala.
Santiago pasó delante de ellos y Bruno colocó su mano sobre el hombro de este primer mencionado, y se dirigieron al despacho detrás de Blake. Ella no sabía como reaccionar, el lugar era increíble, uno que jamás en sus sueños más lúcidos podría haber imaginado, la elegancia de los acabados, la decoración y todo en el lugar era algo difícil de creer para ella, pero al mismo tiempo luchaba con la incertidumbre.
No sabía donde se encontraba, era un hecho para ella qué estaba en Italia, pero no tenía idea de en qué parte, se preguntaba quién era realmente Blake, al menos tenía la noción, o una idea, pero no una respuesta contundente.
Lorenzo la llevó por un salón, cruzó una biblioteca, y un pasillo largo qué después la encaminó hasta unas escaleras, miró cuesta abajo, y supo entonces, que su habitación no estaba en el área principal.
Bajó por las escaleras, atravesó otro pasillo y Lorenzo abrió una puerta de madera para ella.
—Señorita aquí va a quedarse, le aconsejo qué descanse —dijo Lorenzo.
—¿Por qué me hacen esto? Por Favor déjame ir —dijo Cala, sus labios apenas se despegaron, durante todo el vuelo y el camino hasta la mansión, ella no había abierto la boca más que para beber vino.
—A dónde podría ir señorita, estamos tan lejos de todo —dijo Lorenzo, su voz era distinta a la Blake o a la de Bruno, su tono era sutil y condescendiente, parecía que incluso sufría por Cala, al verla con los ojos hinchados, el cabello esponjado y las mejillas enrojecidas, hacían qué Lorenzo no pudiera evitar sentir lástima, ni él mismo sabía que es lo que Blake planeaba hacer con ella, pero no imaginaba, nada bueno.
La habitación no tenía oportunidad comparación con el resto de la mansión, era simple, tenía un baño, una cama, un buró y una silla qué daba a una pequeña ventana.
—Descanse señorita —dijo Lorenzo.
Cala supo entonces que su súplica no tendría efecto y que por más que este pareciera noble, seguía órdenes de alguien como Blake, y entendía qué no conseguiría nada, al menos no su libertad.
—Lorenzo, ¿cierto? —preguntó Cala, cuando este tomaba la puerta con una de sus manos.
—Ese es mi nombre —dijo Lorenzo.
—Había cientos de hombres en ese lugar, y tal parece que a nadie le importan, pero tú estás aquí, perdón qué lo pregunte, pero porque tú estás a salvo, porque tú escapaste con nosotros.
—Mi apellido es Tattaglia y aunque no soy el favorito de mi hermano, mi lealtad y la suya son lo más importante en esta familia —respondió Lorenzo.
—¿Tu hermano? —cuestionó ella mientras, miraba los ojos azules de Lorenzo.
—Blake Tattaglia, es mi hermano, y antes de que me haga otra pregunta, le diré, que por favor no vuelva a hablar, será inutil su intento por generar compasión en mi. —Lorenzo, cerró la puerta dejando a Cala con más dudas de las que ya tenía, ahora sabía que su captor, tenía el mismo apellido qué el del joven que la había llevado por segunda ocasión a una horrible habitación.
Escuchó como el cerrojo se cerraba con llave detrás de la madera, y sin ganas de pensar en nada más Cala se tumbó sobre la cama, subió sus rodillas hasta su pecho, y con un poco de suerte logró dormir el resto del día.