Estaba nerviosa, subía y bajaba su pierna izquierda, con intranquilidad, era una mala costumbre que tenía desde hacía muchos años, quiso ponerse de pie, pero recordó que no debía hacerla, tenía que esperar sentada, aliso el vestido blanco, se mordió un dedo con cuidado de no correr el labial que llevaba, luego aliso de nuevo la tela sobre sus piernas. —Ya basta. — la regaño Violet. — vas a terminar arrugando la pobre cosa. —Lo siento, pero no puedo estar quieta. Se encontraban un pequeño salón, sentada en una silla ornamentada, esperaba que Dominick pasara por la puerta para verla antes de la ceremonia, era el día de su boda, finalmente, pensó, se sentía como una eternidad, no podía creer todo el tiempo que había pasado, se acarició su creciente vientre, ya tenía cuatro meses y se notab

