Javier Violet balbuceaba mientras la limpiaba y le cambiaba el pañal, pasándola del pijama al outfit que Roxana había elegido para hoy, casi idéntico a mis jeans y camisa a cuadros. —Estás perfecta, ¿sabes, pequeña? Pataléo y me sonrió como si entendiera. —Sí, absolutamente perfecta, y te lo voy a repetir todos los días por el resto de nuestras vidas, incluso cuando te escapes a escondidas y me saques de quicio. Te lo prometo. Le sonreí y su sonrisa se hizo más grande. Sus balbuceos se hicieron más fuertes y algunos sonidos ya empezaban a parecer palabras de verdad. Ya caminaba, cada día mejor, y pronto hablaría. No estaba listo para que dejara de ser bebé. —Estás creciendo demasiado rápido —le dije mientras mi celular sonaba en el bolsillo—. ¿Sí? Nate soltó una carcajada. —Realmente

