Martin —¡Papi, estás sonriendo! —el tono cantarín de Blue me sacó de otro ensueño sobre anoche y el patio trasero. Y la niñera. —Lo estoy. ¿Debería fruncir el ceño? —pregunté, torciendo mi rostro en una mueca que hizo reír fuerte a mi hija. Ella tenía razón, estaba sonriendo, y no podía evitarlo. Había dormido de maravilla, un sueño profundo y reparador. Me levanté sintiéndome renovado y enfocado. Hice una hora de ejercicio en mi gimnasio en casa y pasé dos horas en la oficina respondiendo correos y revisando contratos y diseños. Era una bendición estar tan descansado, sobre todo porque era sábado, y eso significaba que estaba solo con Blue en casa. Skye y Greta tenían el día libre, lo cual me parecía perfecto. —Estás muy bonita hoy, Blue. Ella me sonrió con una mueca amplia, las meji

