Roxana — Va a estar bien, pequeñita. Había cargado a Violet en mis brazos casi toda la mañana porque estaba especialmente irritada y no lograba entender por qué. Tal vez su ánimo imitaba el de Javier, o quizá había absorbido mi ansiedad por las llamadas y mensajes constantes de Jason. Su último mensaje había llegado diez minutos antes. No me ignores, Rosie. Un escalofrío me recorrió al leer ese apodo que solo él me había puesto. Su manera de infantilizarme, de hacerme creer que no podía sobrevivir sin él, y sonreí para mis adentros porque, precisamente, sí había sobrevivido sin él. El teléfono volvió a sonar: Jason. Otra vez. Ignoré esa llamada y las dos que siguieron. No sabía qué quería y no me importaba, pero no podía negar la inquietud que me atravesaba cada vez que veía su nombre

