Roxana — Ma conversación con Javier se había salido de control. Otra vez. No sabía qué tenía él que me hacía perderme a mí misma. Algo en él, tal vez esa sonrisa diabólica que casi nunca mostraba, despertaba una faceta de mi personalidad que no conocía, o que nunca había existido de verdad… no estaba segura. Pero ahora que Violet había comido de nuevo y dormía para procesar lo que la inquietaba, sabía que debía disculparme. Me deslicé sigilosamente por el pasillo hasta su habitación, el brazo levantado, lista para golpear, cuando escuché un gruñido extraño. Luego otro. — Maldita sea, Roxana —las palabras salieron al mismo tiempo que un rugido salvaje que sonaba como un grito de dolor. Supe que no debía, pero la puerta estaba entreabierta, y no pude evitar mirar para ver si Javier estab

