Rowan —Maldita sea, ¿qué diablos puedo hacer para arreglar esto? —Era una prueba de lo perdido que estaba el hecho de que estuviera pidiéndole consejos de amor a mi equipo creativo. Miré las pantallas frente a mí, cada una mostrando la imagen de Sierra, Cal y Tori en sus respectivas oficinas. Todos me devolvían la mirada, medio aterrados, como si temieran que estuviera al borde de un colapso nervioso—. ¿Bueno? ¿Alguien tiene alguna idea? Por favor. Silencios y miradas vacías fueron su única respuesta, y empecé a moverme incómodo en la silla de mi escritorio. Sierra habló primero. —Con el riesgo de molestar al jefe… ¿por qué simplemente no te abriste con ella? Digo, todos la conocimos y parece increíble. Divertida, con carácter y sin miedo a tu cara de gruñón. —No lo sé —grité—. ¿Porque

