Adrián Me quedé más tiempo en el trabajo y conduje a casa despacio, incluso dando vueltas a la cuadra antes de atreverme finalmente a estacionar. Ya eran cuarto para las siete. No podía hacer esperar más a Carina y a Lucy. Sabía que en el momento en que las viera, mi corazón se iba a romper. Tan pronto entré en la casa, deseé poder dar la vuelta. Escuché los pasos apresurados de Lucy antes de verla. —¡Papá! Cuando salió de la sala, me costó todo no romperme en lágrimas. Mi pequeña con su hermoso cabello rubio, sus curiosos ojos cafés y esa sonrisa atrevida con los dientes faltantes… mi pequeña. ¿Qué haría si Lisbeth se la llevaba? Primero por un rato… luego por completo… No podía perderla. Me arrodillé y abrí los brazos. Se lanzó contra mí, abrazándome fuerte. —¡Uff! ¡Estás creci

