Adrián Llegué a la casa al mediodía de un viernes para recoger a Carina para su cita con Danny. Carina salió de la casa con un abrigo de lana para el invierno y me saludó mientras bajaba corriendo las escaleras. En un instante, se lanzó al asiento del copiloto de mi auto y plantó sus labios en los míos. —Mmm —sus labios sobre los míos me llenaron de calor por todo el cuerpo—. Hola. Se rió. —Hola —y me besó de nuevo rápidamente—. Gracias por acompañarme hoy. —Es un placer. —Sabes que significa mucho para mí —su mano bajó a mi bíceps y lo apretó. Había insistido en acompañarla para poder asistirla, pero en realidad, mis motivos eran egoístas. Había notado en nuestro breve encuentro semanas atrás que Danny Morden no era precisamente profesional con ella. Sumado a los comentarios de Car

