ROWAN Mis manos y boca estaban en absoluta dicha mientras recorrían el cuerpo curvilíneo de Aitana. Mis manos subían y bajaban por su cintura y caderas, moldeándose sobre cada curva apetitosa mientras devoraba su boca, bajando por su mandíbula y cuello hasta encontrar ese pulso vibrante en su garganta. Era deliciosa en todos los sentidos, y cuanto más la probaba, más fuerte crecía mi deseo por ella. Me aparté y la miré con una sonrisa ardiente mientras le quitaba la camiseta. —Tengo un cinturón marrón en jiu-jitsu brasileño. —Mi lengua se deslizó de un lado a otro sobre la carne prominente por encima de las copas de su sostén. Aitana se arqueó hacia mí con un gemido bajo y gutural. Encontré el pequeño broche entre su escote y lo abrí, revelando unos pechos cremosos y pezones rosados o

