Cuando subí a casa ya era de noche. Estaban todos sentados a la mesa, riendo tranquilamente hasta que entré. Ellos me quedaron mirando fijamente sin intentar si quiera esconderlo. Scott bajó la cabeza luego de mirarme preocupado. Era obvio que mis ojos hinchados y rojos no pasaron inadvertidos. —¿Quieres comer algo, cariño? —preguntó Ethan dulcemente, rompiendo con el incómodo silencio. —No tengo hambre, gracias —respondí secamente. Crucé el comedor sin mirar a nadie y me encerré en mi habitación para poder pensar tranquila. La cabeza me daba vueltas y no lograba pensar con claridad. No sabía qué era lo que en verdad me estaba dañando. No podía saber si era por la frialdad de Scott y sus estúpidos celos o si era porque aún me dolía no poder estar junto a Chris. Mi corazón estaba cruelmen

