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1016 Words

Stany había pasado el día pensando en Mora. Sus absurdos mensajes a modo de saludo no reflejaban todo lo que su mente insistía en gritarle a cada minuto. No debería haberse ido de su casa. Su abrazo final había jugado como una estocada para su voluntad. Había sido tan dulce que el contraste con su actuación, apenas minutos antes, era conmovedora. Eran tan… distinta. Los recuerdos no querían irse, su pasado era lo suficientemente obstinado como para paralizarlo conteniendo sus deseos con una cadena firme que llevaba la inscripción de culpable. Y contra aquella sentencia no sabía luchar. Por eso apenas había escrito un buenas noches y, aunque había albergado la ilusión de que ella iniciase una conversación, había respondido imitándolo, respetando lo que él mismo le había pedido. El “bue

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